Zhuangzi

La verdadera grandeza no necesita ser ostentosa. La verdadera sabiduría no necesita ser demostrada. Zhuangzi
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jueves, agosto 25, 2022

LAS TRES DONCELLAS POR CARLOS LOPEZ DEGREGORI

 
 LAS TRES DONCELLAS POR CARLOS LOPEZ DEGREGORI

LAS TRES DONCELLAS POR CARLOS LOPEZ DEGREGORI


Te vas al fin, Envidia.
Me dejas, Miedo.
Escribes, Espera, en los muebles, en las paredes
dormidas que mañana ya no me esperarás.

Está muy bien.
Márchense.

Pueden ser ahora perfectas o tullidas.
Gánense la suerte que no les concedí.
Por mí llegaron desnudas a sus fiestas
destilaron todos los venenos
equivocaron sus primeras lealtades.
En la historia de la doncella y el dragón
no las dejé ser ni la doncella
ni el dragón.

Conmigo abordaron un barco que jamás divisó
el Cabo de Hornos
y si naufragaron no me importó
y si sobrevivieron y se casaron después
y criaron hijas
e hijos
ya no lo recuerdo.

Te envidio, Envidia, por partir.

Me despido, Miedo.

Desdoblo, Espera, por ti de labios y ceniza
un pañuelo.

Adiós, infortunadas.
Les regalo un diente
a cada una,
solo así puedo agradecer los poemas
que me dejaron escribir.
Ahora llévenlos con ustedes,
Léanlos en todos los mercados, en los desiertos,
en los cuartos cerrados con nieve
de hospital.
Díganlos en los huecos de los árboles
como un secreto terrible.
Repítanlos en las voladas caravanas, en las cocinas,
en las aguas del río interminable.

Está muy bien.
Adiós.
Márchense ya.
Las recordaré como a tres novias.
Que afuera sus asnos no revienten
ni ardan sus vellones,
que la luz no las aterre,
que el aire no les falte.

(de Lejos de todas partes)

miércoles, junio 01, 2022

Manos descuidadas dejan flores rojas rotas por Xue Tao

 
Manos descuidadas dejan flores rojas rotas por Xue Tao
 

Manos descuidadas dejan flores rojas rotas por Xue Tao

Esta joven estación mágica destierra las nubes
y despierta la tierra para que florezca.
Los peces juegan en las piscinas del río
atrapando nuevas escamas de los pequeños pétalos en la superficie del agua.
Los mundanos no tienen conocimiento del delicado mensaje de las flores;
Las manos descuidadas dejan flores rojas desgarradas esparcidas por la orilla.

 

Música clásica china súper agradable, música guzheng, música relajante, música tranquila


domingo, febrero 06, 2022

Marco Martos escribió : Dactílico en homenaje a Vicente Huidobro

Marco Martos  escribió : Dactílico en homenaje a Vicente Huidobro

 

 Dactílico en homenaje a Vicente Huidobro

Dátira chúpero récolo pércolo,
lúcera,tuércala,répoba,dácala,
cártiga,bácali, póntera, mártala.
Désmola, jáquira, málcala, mórcolo.
Puéntago, tíntico, témpalo, ríscolo,
Cértigo,césaro, píncalo, récala,
mórtico, fílaca, púrpuca, máfala
llácale,dótica, lénteca, póscolo.
Díctaca, fécuca, nístera, mórcali,
Jílili, réscole,mértale,mágneto,
chócata, chímupi, réstone, pérmeto
énsate, pálcala, dírpete, néstali.
píncalo, bácaro, gápelo, trúcape,
cóstumo, púlico, désmono, cóncape.

Marco Martos

 
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LIBROS DE MARCO MARTOS CARRERA

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martes, febrero 01, 2022

Marco Martos- Darío Jaramillo Agudelo. Enero-2022- Apuntes, d.j.a. Wolfram Eilenberger, El fuego de la libertad (Taurus).-

Marco Martos


Marco Martos-
Darío Jaramillo Agudelo.
Enero-2022-
Apuntes, d.j.a.


Wolfram Eilenberger, El fuego de la libertad (Taurus).-

De Tiempo de magos a El fuego de la libertad.- Con Tiempo de magos, Wolfram Eilenberger (Friburgo, Alemania, 1972) inauguró todo un estilo para hablar de filosofía de una manera informada, sensitiva y profunda sin ser confuso ni renunciar al humor y mucho menos a las anécdotas personales. Ver reseña en Gozar Leyendo # 112 espichando aquí. En Tiempo de magos, los protagonistas son cuatro filósofos alemanes: Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heidegger y Ernst Cassirer y abarca el decenio comprendido entre 1919 y 1929. Allí se refiere a la época que se vivía (escasez, inflación, pobreza, poco trabajo), a la vida de cada uno de los pensadores –incluyendo detalles de sus cotidianidades que logran humanizarlos– y a la respetuosa y muy clara explicación de sus teorías.


En el libro que nos ocupa, cuyo título completo es El fuego de la libertad. El refugio de la filosofía en tiempos sombríos 1933-1943, el estilo y las líneas narrativas son semejantes al anterior, y se refiere a cuatro filósofas de la época, tres de las cuales eran más o menos predecibles: Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y Simone Weil. La cuarta que trata –y un escalofrío me provoca su inclusión que toma en cuenta la realidad política de nuestro tiempo– es una ruso-norteamericana, conocida como el gran best seller del pensamiento más crudamente capitalista y más tercamente antisolidario. Sus novelas han vendido millones y es la madre del Tea Party de Estados Unidos. Me refiero a Ayn Rand.

Ayn Rand.- Dice Eilenberger que “desde el punto de vista de Rand, los crímenes de Hitler y de Stalin obedecían a la misma lógica, que no era sino la de un violento avasallamiento por parte del Estado de cada individuo en nombre de un colectivo idealizado”. En sus propias palabras: “Estos horrores solamente los han hecho posibles hombres que han perdido todo el respeto por los seres humanos únicos, individuales, y que defienden la idea de que las clases, las razas y las naciones importan, pero no las personas concretas, de que la mayoría es sagrada, pero las minorías no son más que desechos, de que los rebaños cuentan, pero no el individuo. ¿Qué posición tomar? Aquí no hay término medio”.


Y en una anotación de 1934 dice: “la especie humana sólo tiene dos capacidades ilimitadas, sufrir y mentir. Combatiré la religión como la raíz de todas las mentiras humanas y como la única excusa para el sufrimiento”.


A mediados de los años treinta Rand estaba ocupada en armar un libro, “una defensa del egoísmo con el verdadero sentido de esta palabra”. Piensa que “espiritualmente estamos por detrás de la Italia del Renacimiento”. Y no es por culpa de las máquinas: “al final solo será que la pequeña palabra ‘yo’ acabó borrada de la conciencia humana tras dos mil años de influencia cristiana y con ella todo lo que ‘fue’ la conciencia humana”.


Eilenberger interpreta así a la señora Rand: “Solo había una forma de salir de la caverna: la reconquista del ‘yo’ mediante la negación radical de la relevancia de las demás, de todas las demás personas”. Rand inventa un personaje, Roack, que encarna el ideal que propone: “la naturaleza no tiene ningún valor en sí, sino solamente para él y sus proyectos. Los únicos obstáculos que se interponen en el camino de la búsqueda de la felicidad así descrita son… los demás”.


Su doctrina: “la única forma económica que permite un intercambio verdaderamente no violento entre individuos en el capitalismo es la modalidad de un absoluto laissez-faire. Por último, el único sistema legítimo de gobierno en este sentido es una democracia tan limitada en las intervenciones estatales como directa en las consultas”.


Además es enemiga del altruismo: “el altruismo es la doctrina que exige que se viva para los demás y se ponga a los demás por encima”. Después de definirlo, se pronuncia: “nadie puede vivir por otro. Nadie puede compartir su mente, como nadie puede compartir su cuerpo. Sin embargo el second-hander ha explotado el altruismo y ha invertido el fundamento de todos los principios morales. A los hombres se les ha enseñado todo lo que destruye al creador. Se les ha enseñado que la dependencia es una virtud. El que trata de vivir para los demás es un ser dependiente”.


Hannah Arendt.- Era judía, muy menuda –medía un metro sesenta– y fue alumna de Karl Jaspers y de Martin Heidegger, con quien llegó a tener una relación amorosa. En una carta él le dice a ella que el amor es un acontecimiento “en el que la presencia del otro irrumpe en nuestra vida”.
Acosada por la policía, huyó de Alemania desde 1933. Su marido Günther Anders –gran escritor, autor de un libro clave, que les receto, La obsolescencia del hombre– era primo de Walter Benjamin. Instalada en Francia, primero fue profesora de liceo en Roanne, cerca de Lyon, era activista política y también ayudaba a los refugiados alemanes en Francia. Tenía un apartamento en la calle Augusto Compte adonde llegaban; y adonde llegó León Trotski huido de Rusia. Desde muy joven Hannah padecía “martilleantes ataques de migraña”.


En un artículo de 1933, ¿Vamos hacia la revolución proletaria?, “ponía de manifiesto de forma bastante explícita la similitud estructural entre la Alemania fascista y la Unión Soviética de Stalin. (…) En los nuevos sistemas totalitarios a lo Hitler y Stalin, que tendían al capitalismo de Estado en su forma económica externa, pero hacia un estado vigilante y opresor en su estructura interna, se instalaba una ‘dictadura burocrática’, como la llamaba Weil, con la ayuda de la clase funcionarial, la más interesada, y de técnicas de vigilancia cada vez más avanzadas”.


En 1934, Hannah Arendt vive en París como refugiada judía y “estaba ya decidida del todo a no ocuparse ‘nunca más de ninguna historia intelectual’, con veintiséis años, se propuso renunciar a su existencia erudita y entregarse a un empleo práctico, que para ella solo podía ser en aquella situación el ‘trabajo judío’”. El credo de Arendt en aquel tiempo era el siguiente: “Quien es atacado como un judío debe defenderse como judío. No como alemán, o como ciudadano del mundo, o en nombre de los derechos humanos o algo parecido”.


Dice Eilenberger: “el modo de pensar de Arendt pude considerarse el esfuerzo por conocerse a sí misma como ser humano en representación de todos los demás, disolviendo su mera existencia de refugiada y sometiendo la teoría política de su tiempo y ámbito cultural a un cuestionamiento fundamental: ¿cómo pensar el derecho más básico de todos –el derecho a tener derechos– dentro de un marco conceptual que renuncie a la abstracción del ‘hombre en sí’ y que no se deje arrastrar por la tentación de reducir de manera subrepticia a cada individuo a una parte necesaria de un colectivo (también en el sentido de un pueblo, de una nación, de una clase…)? ¿Cómo pudo toda la tradición de la filosofía soslayar la simple existencia de este problema?”.


Sobre el amor: “para Arendt la paradoja que había que resolver era, según exponía en su carta a Blücher, la de cómo ‘conseguir las dos cosas a la vez’, ‘el gran amor y la identidad de la propia persona’”.


En 1940, Arendt llegó a Estados Unidos.
Simone de Beauvoir.- “Vivir un amor significa proyectarse a través de él hacia nuevas metas”, escribió desde muy joven, acaso reflejando su indisoluble unión con Jean-Paul Sartre. La existencia del ‘otro’, escribiría desde una mirada retrospectiva, “siempre fue un peligro para mí (…). Siempre me mantuve en actitud defensiva. Con Sartre había salido de ese estado cuando le dije: ‘Somos uno’. Lo había puesto junto a mí en el centro del mundo. Nos rodeaba gente repulsiva, ridícula o divertida, que no tenía ojos para verme; yo era la única mirada. Por eso no hago en menor caso de las opiniones de otras personas”.


Dice Eilenberger: “desde hacía casi cinco años, Jean-Paul Sartre y ella formaban ya una singular pareja; estaban unidos por una completa devoción intelectual al tiempo que abiertos a otras experiencias y aventuras. En 1929 habían obtenido los primeros puestos en los exámenes finales nacionales para profesores de filosofía y, como establecían las reglas del sistema, fueron enviados desde París a una provincia para sus primeros años de enseñanza”.


Ser maestra rural, con los meses, acaso por la distancia con Sartre, provocó una seria crisis en Simone de Beauvoir: “La época del gran ‘nosotros’ había pasado, al igual que los años de su despreocupada adolescencia. Casi sin interés por la política, aburrida de su trabajo, con una crisis personal y estancada en lo literario, el único sentimiento sincero que le despertaba su entorno social y que podía confesar era un vago odio al ‘orden burgués’”. Ver a su superyó en el espejo sólo le suscitaba pensamientos negativos. “Sin marido, sin hijos, sin hogar, sin posición social. ¡A esta edad, quieres ser alguien en el mundo! (…). Beauvoir no estaba simplemente sola; se sentía sola. Como si el universo quisiera burlarse de ella (…). Cualquier otra cosa menos la historia personal y, sobre todo, la realidad que una vez soñó para sí misma. Todo menos la ansiada salvación mediante la filosofía”. En verdad su autocrítica va en coro con la despiadada crítica de su propio padre: “eres demasiado vieja para poder pensar, ya no digamos para escribir un buen libro. Nunca serás más que la puta de ese gusano”.

La relación con Sartre perduró para el siempre de ambos. Y fue abierta. En 1935 se incorporó a la vida marital una chica “con raíces familiares en la alta aristocracia rusa”, Olga Kosakiewicz. Vivía con ellos; no sé si en casa había dos o sólo una cama; en todo caso, no había tres; máximo dos y nunca se aclara. Pero algo se rompió, algo se volvería a construir. “El fabuloso secreto del amor con Sartre radicaba desde el principio, pensaba Beauvoir, en el hecho de que, en su unión, ambos habían logrado la identidad única y sin fisuras del ‘nosotros’ (…) Para Beauvoir, en 1936, el reto era reconocer las evidentes transgresiones dentro de un único y unitario vínculo de amor sin arriesgar, ni aun perder, la identidad de su persona, ligada en esencia a la existencia de esa pareja. A la pregunta de quién era ella como persona sin Sartre, no hubiera podido dar una respuesta que pudiera defender a largo plazo. Ni su firme voluntad le habría permitido darla en un futuro. Después de todo, ella amaba a Sartre. Beauvoir resumía de la siguiente manera su situación en el invierno de 1936-1937: «lo que me molestaba aún más [que las diferencias con Olga] eran las diferencias de opinión que a veces me hacían enemistarme con Sartre. Él se esforzaba cada vez más en no decir o hacer nada que pudiera cambiar nuestra relación. Nuestras discusiones eran siempre muy animadas, pero carecían de rigor. Con todo, no tuve más remedio que revisar algunos postulados que hasta entonces había dado por sentados: tuve que admitir que era un error forzar al otro y a mí misma a la ambigüedad de la cómoda palabra ‘nosotros’. Había experiencias que cada uno tenía que vivir por sí solo. Siempre había reconocido que las palabras no logran sacar las cosas a la luz; tuve que sacar las consecuencias de ello. Mentiría si dijera ‘somos uno’. La armonía entre dos individuos nunca es algo dado, debe ser conquistada una y otra vez. Por fin lo veía»”.

En la primavera de 1937, Gallimard rechazó La náusea de Sartre. ¿El motivo? “La elaboración de la obra como una novela claramente metafísica, algo difícil de digerir, también para Beauvoir, que desde el principio había acompañado a Sartre como primera lectora y revisora”. Lo que Beauvoir se preguntó fue: “¿Cómo puede ser nuestro punto de vista tan diferente del de los demás?”. Finalmente, en 1938 se editó La náusea y tuvo mucho éxito, pero dos editoriales rechazaron los relatos de Beauvoir.


Lo que está claro es “la convicción que Beauvoir tuvo durante toda su vida de que las disposiciones mentales de los hombres y las mujeres eran genéricamente diferentes, y las ilustraba con dos ejes, ‘plasticidad frente a rigidez’ y ‘realidad frente a delirio’. Una categorización que, si bien se mira, no dejaba en buen lugar a los básicamente sistemáticos varones. Incluso un delirio ‘planeado’ sigue siendo justo lo que es, un delirio (y, por tanto, una forma eminente de perder el sentido de la realidad)”. Al respecto, en cierto momento la propia Beauvoir escribe: “más bien habría que explicar qué es lo que permite a ciertos individuos soportar ese delirio planeado en que consiste un sistema y de dónde les viene la tenacidad que hace de sus ideas las llaves del universo. Ya he dicho que esa clase de obstinación es ajena a la condición femenina”.


Hacia 1941 ella detecta un cambio en ella misma: “por fin admití que mi vida no era una historia que me contaba a mí misma, sino un compromiso entre el mundo y yo”.


Simone Weil.- Simone Weil era compañera de estudios de Simone de Beauvoir. De esa época es el siguiente testimonio de Beauvoir sobre Weil: “Colette (…) me hablaba a veces de Simone Weil y, aunque no le tenía mucha simpatía, aquella extraña se introducía en mi vida: era profesora. Se contaba que vivía en una pensión de camioneros, y que el primer día de cada mes ponía sobre la mesa su sueldo: cada cual podía servirse (…). Su inteligencia, su ascetismo y su extremismo me causaban admiración; sabía que no le habría causado lo mismo si me hubiera conocido. No podía incluirla en mi universo y me sentía vagamente amenazada”.


Comenta Eilenberger que “ya en su primer encuentro ambas se repelieron como dos imanes” y enseguida cita a la Beauvoir: “una gran hambruna había sacudido China, y me dijeron que ella (Weil) prorrumpió en sollozos cuando recibió aquella noticia; esas lágrimas me obligaron a respetarla aun más que sus dotes para la filosofía. La envidiaba porque tenía un corazón capaz de latir para todo el mundo. Un día pude conocerla. No sé cómo entablamos conversación; me explicó en un tono cortante que una sola cosa contaba hoy en toda la tierra: una revolución que diera de comer a todo el mundo. De manera no menos perentoria le objeté que el problema no es hacer felices a los hombres, sino encontrar un sentido a su existencia. Ella me miró fijamente. ‘Cómo se nota que usted nunca ha pasado hambre’. Ese fue el final de nuestras relaciones”.


“En diciembre de 1934 (…) Weil cumplió un sueño que había acariciado desde sus días de estudiante y se dedicó a trabajar a destajo en París como ayudante no cualificada en una fábrica de componentes metálicos (…). Quería experimentar en sus propias carnes la opresión que ella, como pensadora, aspiraba a erradicar. ¡Fuera de la torre de la teoría! ¡A la sufrida vida diaria de los trabajadores! Ni Marx, ni Engels, ni Lenin, ni Trotski, ni Stalin habían conocido en realidad la vida dentro de una fábrica. Y eso se notaba claramente, según la crítica de Weil, en sus respectivos análisis y métodos”.


Weil fracasó como obrera: “ni una sola vez durante esos seis meses lograría producir la cantidad mínima de piezas establecida. En vez de ello, no hacía sino dejar con triste regularidad productos defectuosos; las máquinas bloqueaban su voluntad; las partes simplemente se caían o fallaban; confundía piezas esenciales, las olvidaba, las insertaba de manera incorrecta y, muy a menudo, una vez producidas, las olvidaba en la máquina”.


Weil critica a Marx: “los marxistas creen que todo desarrollo de las fuerzas productivas hace avanzar a la humanidad por el camino de la liberación aun al precio de una opresión temporal. Es natural que los bolcheviques, armados con tal certeza moral, asombren al mundo con su violencia. Sin embargo, es raro que los dogmas tranquilizadores sean racionales (…). Marx nunca explica por qué las fuerzas productivas deben crecer. El auge de la gran industria ha transformado las fuerzas productivas en la deidad de una suerte de religión (…). Esta religión de las fuerzas productivas, en cuyo nombre varias generaciones de empresarios han oprimido sin escrúpulo moral alguno a las masas trabajadoras, es también un instrumento de opresión en el seno del movimiento socialista; todas las religiones hacen de los seres humanos un simple medio de la providencia, y el socialismo lo pone a servicio del progreso histórico, es decir, del desarrollo de la producción”. Concluye Eilenberger: “en consecuencia, Weil llevó sus observaciones de 1934 a la paradoja de una creencia en el crecimiento ilimitado en un mundo de recursos limitados”.


1937: “Simone Weil había cruzado la frontera para unirse a la milicia [republicana en la guerra civil española]. Pidió un fusil, la pusieron en la cocina y se echó una olla de aceite hirviendo en los pies”. Cuando estaba en un sanatorio suizo, “durante la primavera de 1937, la colección de discos de un estudiante de medicina interino se convirtió en la única terapia eficaz. Su sufrimiento se había intensificado de tal modo que en el punto más crítico de las oleadas de ataques que padecía incluso se había llegado a pensar en su muerte. Solo la música podía liberarla un poco del tormento. En particular, unas grabaciones de los Conciertos de Brandenburgo de Bach”.


En el mismo año, 1937, Weil escribió un ensayo, No empecemos de nuevo la guerra de Troya, donde dice: “durante diez largos años, griegos y troyanos se masacraron unos a otros por Helena. Ninguno de ellos, excepto el guerrero aficionado Paris, tenía ningún lazo con Helena. (…). Para alguien capaz de ver, no hay señal más aterradora que el carácter irreal de la mayoría de los conflictos que hoy estallan. Poseen aún menos realidad que el conflicto entre griegos y troyanos. En el centro de la guerra de Troya al menos había una mujer, y una mujer extraordinariamente hermosa. Para nuestra época, las palabras adornadas con mayúsculas ocupan el lugar de Helena. Si tomamos una de estas palabras henchidas de sangre y lágrimas e intentamos desentrañarla, encontramos que carece de contenido (…) todos los términos del vocabulario político y social podrían servir como ejemplo: ‘nación’, ‘seguridad’, ‘capitalismo’, ‘comunismo’, ‘fascismo’”. Según el análisis de Weil, estos términos quedan privados de toda referencia identificable, sobre todo por el uso absoluto que se hace de ellos en el discurso político, y sus posibles significados se disuelven en la indefinición: “cada una de estas palabras parece representar una realidad absoluta independiente de toda condición, un objetivo absoluto y, al mismo tiempo, introducimos una forma gradual, o de una sola vez y de manera arbitraria, cualquier cosa en cada una de esas palabras”.


Mirando los gobiernos de la Europa de su tiempo, Weil compara fascismo y comunismo y encuentra, “en ambos, la misma apropiación estatal de casi todas las formas de vida individual y social; la misma militarización delirante, la misma unanimidad artificial lograda mediante coacción, en beneficio de un solo partido que se fusiona con el Estado y que se define por esa fusión”. Le preocupa, sí, que el uso de la violencia sea connatural al animal humano: “si todos están destinados al nacer a sufrir la violencia, es esa una verdad que la fuerza de las circunstancias oculta al espíritu de los hombres. El fuerte no es nunca absolutamente fuerte, el débil absolutamente débil, pero ambos lo ignoran”.


En medio de su enfermedad y de sus dolores, a partir de la experiencia con Bach, Simone Weil empezó a vivir la música sacra de una manera muy particular: “asistió [en 1937 y 1938] a tres misas y conciertos al día en sus viajes a Florencia, a Bolonia o a Roma. Dondequiera que el canto litúrgico o el sonido del órgano llenaban una iglesia, sus dolores quedaban en un segundo plano, y hasta le permitían experimentar con honda devoción, un sentimiento de elevación sobre el reino del aquí y ahora físicamente condicionado. Como si allí, detrás del dolor absoluto, otro mundo la esperase para curarla”. También se ejercitaba con poemas: “consistía en recitar poemas a modo de mantras en las fases de máximo dolor (‘el poema enseña a contemplar pensamientos en vez de cambiarlos’)”. Ya en noviembre de 1938, “según su interpretación, se había llenado de la presencia del amor divino, una forma de presencia que era para ella ‘más real que la de una persona real’ (…). Weil se sentía transformada, ‘tocada por Dios’”. 


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viernes, octubre 22, 2021

Poemas Para Kawabata por Marco Martos Carrera

Poemas Para Kawabata por Marco Martos Carrera

Poemas Para Kawabata por Marco Martos Carrera

En el puente de las vacilaciones
al borde de un mañana eterna
Yasunari Kawabata conoce a la danzarina de Izu (1923)

A lo lejos, es conmovedor el puente de madera,
suspendido sobre la curva del río.
Parece un adorno inextricable
entre las dos riberas. Algo amarillo hecho
como un lazo entre lo verde de los árboles.
Sólo llegando a pisar sus tablones
se percibe el deterioro como marca de guerra
y oscuro sello del tiempo:
diminutas incisiones, quemaduras,
picaduras de viruela de un cuerpo desesperado
o heridas a tajo hechas por un rápido cuchillo.
¿Está viva o muerta la madera o acaso está
agonizando por encima del agua? Nadie lo sabe.
A nadie le importa mientras sirva.
La llaman, según dicen,
el puente de las vacilaciones.
Avanzan los hombres hasta la mitad del río
y dudan entre irse al barrio del placer
o regresar a cumplir con sus deberes conyugales.
Eso ocurre cuando la noche toma su nombre.
Me gusta venir a la hora del ocaso,
cuando el sol tiñe de rosa
las copas de los árboles. Cada vez
me sorprende esta belleza natural
que el hombre no ha dañado con el puente
de madera. Pero hoy vi a una muchacha
en un momento diferente:
con la cara lavada bajo el sol de la mañana,
radiante, como si el tiempo no existiera
o fuera un presente eterno, cruzando
el puente de las vacilaciones,
tan resplandeciente como la madera del primer día,
como un árbol caminando y ofreciendo sombra
a todos los hombres.
Me quedé confuso, contemplé el agua largo rato,
horas de horas, y me hice extrañas preguntas
sobre el objeto de la vida
hasta que llegaron los viandantes
con sus perplejidades, tal fantasmas bailarines
a la luz de la luna llena.
Me pareció entonces eterno el puente,
y sin heridas. Un Dios otorgando serenidad
a los alucinados de este remoto lugar del mundo.

Brindis de Yasunari Kawabata por la danzarina de Izu (1945)

Por la luz intensa que arriba a tu ventana
en el centro de la noche y te deja
ligeramente azul cuando te baña,
por tu piel que semeja a las espigas
de cebada bajo el sol del mediodía,
por tus ojos del color de la miel
de las abejas zumbando al pie de la montaña,
por tu permanente gracia de mujer
que ya tuvo aquella que alegró la vida
del primer hombre, cuando hablaban,
por la serena belleza de tu voz
que llega precipitándose hasta el mar
desde lo más alto, por tus manos que ofrecen
ríos de ternura, llueve o truene,
haya sol o nube o nada,
por tu sonrisa que hace de cada día,
con sus instantes, un lugar del palmeras y agua,
y alienta a continuar el camino de la vida,
levanto mi vaso de vino y brindo
por ti y por tus sueños,
y mientras lo amarillo helado
baja por nuestras gargantas
tocan timbres a lo lejos,
turbinas se alistan, alas,
y un pacto de fuego queda sellado
en nuestras miradas.

El mar escribe
Yasunari Kawabata se despide de la danzarina de Izu (1972)

Toda poesía es una despedida,
una línea blanca de espuma
en el ancho mar que se lo lleva todo.
¡Con que indiferencia se mueve el mundo
a todo lo que planeamos y queremos!
¡No hay olvido!
¡Grito que no hay olvido en la memoria!
En la cresta de la ola
o en la sima más oscura
con todo lo vivido o flotamos o nos sumergimos.
Así, braceo un rato y luego me hundo
balbucendo tu nombre sagrado
en la noche de agua eterna.
Nadie sabe si soy un fantasma
o un buen nadador
que será niebla mañana,
que ya es cielo encapotado,
o una línea de espuma blanquísima,
vena del mismo mar que acaso escribe.

 

Nota de editora:

Esta tercera entrega del destacado poeta y crítico literario peruano Marco Martos, dedicada al igual que las anteriores al escritor japonés Yasunari Kawabata (1899-1972, Premio Nóbel de Literatura 1968) y titulada “Poemas para Kawabata”, fue publicada en su libro El mar de las tinieblas (1999). Imaginando una real relación entre Kawabata y su ficticio personaje “La Danzarina de Izu”, que produjo un impacto imperecedero sobre el autor, Marco Martos construye tres poemas que representan a la vez tres momentos de tal relación: uno, cuando Kawabata es joven; luego, en 1945, cuando ocurre una separación definitiva y, el último, en 1972 (año de la muerte de Kawabata), con una despedida final del autor sin olvido del personaje.


* Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos - Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.

© 2008 Marco Martos

 

viernes, abril 30, 2021

Ditirambo para Stelios Karayanis por Marco Martos

 
Ditirambo para Stelios Karayanis por Marco Martos
 

Ditirambo para Stelios Karayanis por Marco Martos
 
Tú eres Sísifo trabajando desde el alba,
disfrutando del mar y de su estupenda belleza,
llenando tu faltriquera de límpidos poemas,
antes de subir por el monte hasta el Olimpo,
donde te esperan Apolo, Euterpe, Erato,
que te celebran con los vinos blancos
y con los vinos tintos de las eras.
Bajas por la noche y vuelves a tu casa de Atenas.
Duermes lo justo y vuelves con los poemas.
Al otro día estás otra vez colmando tu morral,
llevando la hermosura al altar de los dioses
para tenerlos tranquilos y para que hagan cosas buenas.

 

martes, diciembre 15, 2020

EL CEREZO

EL CEREZO

 

EL CEREZO


 El cerezo mientras se acerca la primavera

 Florecerá nuevamente junto al mismo estanque.

 El hombre conserva el amor de los años que se han ido

 Las flores regresan a las mismas ramas.

ANÓNIMO

 

sábado, noviembre 14, 2020

Saber Para Marie Saba por Marco Martos

 
Saber Para Marie Saba por Marco Martos

Saber Para Marie Saba por Marco Martos


Nosotros sabemos
que las palabras son el sello de cada persona.
Y sus gestos y silencios.
Miramos en el fondo de ese pozo.
Encontramos
a una mujer, o un hombre, solos,
en el comienzo del universo.

 

jueves, octubre 29, 2020

Río Amarillo, poema de Marco Martos, traducido al griego por Stelios Karayannis

 
Río Amarillo, poema de Marco Martos, traducido al griego por Stelios Karayannis

Río Amarillo, poema de Marco Martos, traducido al griego por Stelios Karayannis

 
Hierve el río amarillo
que corre debajo de la tierra
y de otras aguas.
Las almas de los muertos navegan rápidas
y cumplen sus deseos
junto a las flores rojas
de los hibiscos cálidos
en las profundidades.
Hay melocotones en las orillas
y gansos salvajes con sus alas desplegadas
que vuelan encima de las correntadas.
Los finados, ellos solos,
tienen los amores que les parecían inalcanzables,
estallan en risas y abrazos
y luego se duermen como niños recién nacidos
en las turbulentas aguas del río amarillo.
Y así nos parecen vivos descansando
cuando los soñamos.
 
 
Ο κίτρινος ποταμός
Κοχλάζει ο κίτρινος ποταμός
που τρέχει κάτω απ’ τη γη
και κάτω από άλλα νερά.
Οι ψυχές των νεκρών διαπλέουν γρήγορες
και εκπληρώνουν τις επιθυμίες τους
δίπλα σε
των ζεστών ιβίσκων
μέσα στα βάθη.
Υπάρχουν ροδακινιές στις όχθες
και άγριοι πελαργοί με τα φτερά τους τα ξεδιπλωμένα
που πετούν πάνω από τις παλίρροιες.
Οι μακαρίτες , αυτοί μόνοι,
έχουν πια τους έρωτες που τους φαίνονταν ανεκπλήρωτοι,
ξεσπούν σε και αγκαλιές
κι ύστερα κοιμούνται σα μωρά που μόλις γεννήθηκαν
στα τρικυμισμένα νερά του κίτρινου ποταμού.
Και έτσι μας φαίνονται ζωντανοί καθώς ξεκουράζονται
όταν εμείς τους ονειρευόμαστε
 
 
 
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miércoles, febrero 26, 2020

POESÍA CHINA : CRUZANDO LI GUINIAN POR DU FU

 

CRUZANDO LI GUINIAN POR DU FU

CRUZANDO LI GUINIAN POR DU FU


El palacio donde nos reuníamos
Y el salón de la corte donde tantas veces
Te oí cantar
Son hoy polvo del ayer.
Pero cuando las flores,
Abren sus pétalos,
Vuelvo a verte.

 

sábado, septiembre 21, 2019

POESÍA CHINA : Li Po y el mandarín Kara Ya Nis por Marco Martos

Li Po y el mandarín Kara Ya Nis por Marco Martos
 

Li Po y el mandarín Kara Ya Nis por Marco Martos


Cuando Li Po, murió, ahogado en las aguas del lago,
una noche que conducía temblando su barca,
mientras regresaba de la isla de las libaciones,
hubo un revuelo en el palacio y enorme tristeza
en los cuatro puntos cardinales del imperio.
Los gobernantes dispusieron entonces
que los escritos del gran poeta fuesen traducidos
a todos los idiomas conocidos, para que una multitud
de lectores conociese en el futuro el talento
del estupendo lírico y disfrutase de sus escritos.
A Kara Ya Nis, que había conocido las tierras
del gran Odiseo, le tocó en suerte precisa
trabajar con esos poemas que hablan de los gansos,
de las cortesanas hermosas como las nieves
del invierno, de las intrigas de los palaciegos,
de la hermosura de los amaneceres
y del paso inexorable del tiempo. Tenía
la rara habilidad de hacerlo mejor que todos
y con una rapidez asombrosa. Sus versiones griegas
eran muy hermosas. Parecía
que la lengua de Sófocles era su propio idioma, tanto
como el lenguaje chino que era el propio.
No fue premiado, como podría conjeturarse.
Mas bien les pareció un hechicero,
un brujo de la corte, asociado a las artes
de la nigromancia, a los dioses que viven
en el averno, debajo de las aguas torrentosas
del río Amarillo, que atraviesan todo el reino.
Fue condenado al destierro. Y ya que Grecia
tanto le gustaba, le fijaron por residencia
el puerto del Pireo, en las puertas de Atenas,
para que hablase todos los días
con el mismo espíritu de Homero,
con Platón y sus discípulos, con Edipo.
Pocos saben esta historia, pero está registrada
en documentos, escritos con una impecable
caligrafía china que ha llegado atravesando los siglos.

 

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viernes, agosto 30, 2019

CENIZA por MARCO MARTOS·

CENIZA  por MARCO MARTOS· 




CENIZA por MARCO MARTOS·


La palabra es fuego que consume
al papel que la sostiene. Esa ceniza
es lo que digo, fantasma que vuela
en el convulso mar de la gramática,
una poña en el viento, en el agua,
en el ojo sangriento de la lagartija
acezando en el lecho del río seco.
Y ese calor en la plaza de Lancones
que te parte la crisma, la boca frágil,
también es una palabra, una lengua
que con infinito espanto habla y calla.



El libro "Piura, espejismo de eternidad", publicado por la editorial Siete Vientos de Houdini Guerrero. Se puede encontrar el texto en la Feria del Libro de la Municipalidad de Lima.

MARCO MARTOS






sábado, agosto 17, 2019

Apartado lugar por Marco Martos

 
Apartado lugar por Marco Martos

Apartado lugar por Marco Martos

En las tardes corrías por la alfombra verde del arroz.
¿Cómo sabían los pájaros la inmensidad de tu interior?
Con los picos buscaban la blanquísima leche
o se quedaban quietos, dejándote pasar.
Ni ellos tenían miedo, ni tú temor.
Oro en los cielos y rosa en la azul inmensidad.
Cuando llegaba la noche, en esa lóbrega oscuridad,
tus amplios vestidos luminosos eran la señal
de la continuidad de la vida en ese apartado lugar.
 
 
 
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sábado, marzo 30, 2019

Georg Trakl camina por el bosque por Marco Martos

 
Georg Trakl camina por el bosque por Marco Martos

Georg Trakl camina por el bosque por Marco Martos

En lo más alto del tamarindo picotea el mirlo
antes de empezar su canto. Desaparecen las sombras.
Un río de plata circunda los árboles
el día que comienza la primavera.
Filamentos de hermosura, rayos de sol
doran las verdes colinas. Pululan ya los insectos.
Enfundado todavía en gruesas ropas,
con grandes zapatos que vuelven negros
los escasos restos de la nieve, Georg Trakl
inicia su paseo, la interminable caminata por el bosque.
Las palabras bullen en su cerebro
como abejas que zumban.
Camina y camina, todavía permanece entre los árboles.
Nos habla con la voz de los ángeles.
No dice nada de sus sufrimientos.
La pureza de los seres humanos sale de su boca.

 

viernes, noviembre 16, 2018

Descripción de John Bowlby por Marco Martos

 
Descripción de John Bowlby por  Marco Martos

 

Descripción de John Bowlby por  Marco Martos


Rodeado de criados y nodrizas,
lejos del padre y de la madre, estirados,
John Bowlby sabe de soledades,
y como un patito de laboratorio
va detrás de lo que se mueve.
Busca los espacios de los afectos
y trabuca en los cajones de la vida.
Una vez tuvo una novia y le registró
todos los centímetros de la piel
y cada rincón de las entrañas.
Luego investigó los secretos
de la hermana de la amada.
Expulsado del paraíso no tenía
donde poner los ojos.
Encontró después a una esposa,
un continente seguro para regresar
cada día sin inspirar lástima.
Arrebujado entre edredones descubrió
que toda mujer es una madre,
un lago de nenúfares siempre en calma.
Afuera están los niños perversos,
las nimiedades, los rufianes
con sus puñales y sus espadas.
Habla lo que sepas, dijo,
Y de lo que no sepas, calla.

 

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Zhuangzi

El camino a la iluminación está lleno de paradojas. Para encontrar, primero debes perder. Para llegar, primero debes partir.