Zhuangzi

La verdadera grandeza no necesita ser ostentosa. La verdadera sabiduría no necesita ser demostrada. Zhuangzi
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viernes, febrero 01, 2019

Nunca me digas


Nunca me digas


Nunca me digas

Nunca me digas
que no puedo hacerlo.
A mí, que he bailado
con dos corazones.
Y he respirado
con cuatro pulmones.
A mí, que he sido hielo
fuego y viento.
Que he llevado
en mi vientre
el peso de dos mundos,
y he parido
la vida a gritos.
Que he abrazado
a la tristeza sin miedo.
Y he llorado sonrisas.
A mí no me digas
que no soy capaz
de algo.
O de todo.

Texto: Eva López Martínez

miércoles, marzo 02, 2016

"HOY Y LA ALEGRÍA" POR MARIO BENEDETTI

"HOY Y LA  ALEGRÍA" POR MARIO BENEDETTI
 

"HOY Y LA  ALEGRÍA"

"Poco importaba que no fuera domingo ni primavera. Igual me sentía dispuesto a que algo extraordinario me purificase. En realidad, son pocos los días en que uno puede sentirse anticipadamente alegre, alegre sin ruedas de café ni cantos nauseabundos a la madrugada, ni esa pegajosa, inconsciente tontería que antes y después nos parece imposible; alegre de veras, es decir, casi triste.

Usted no podía saber que hoy, recién despierto, yo había admirado el lago de cielo -nacido, durante mi sueño, en la ventana abierta- que rozaba el pelo rubio de mi mujer. De mi mujer silenciosa, encuadrada en su costumbre, a los pies de la cama. Logré descubrirle, a pesar del contraluz, cuatro o cinco gestos, cuatro o cinco expresiones nuevas, tan sorpresivas, que me hicieron sonreír. No dijo nada, pero su silencio no alcanzó a incomodarme. Simplemente me pareció tonto explicarle que recién hoy había advertido un pasaje inédito de su rostro de siempre. Ni siquiera estaba seguro de no haberlo inventado.

Luego, entraron mis hijas. Entonces todos hablamos y en especial Laurita. En vez de mirarlas directamente, yo acechaba la enorme moña azul que devolvía el espejo, y en la imagen total de mi hija, con los brazos caídos a lo largo del delantal y su cabecita fluctuante entre síes y noes, me parecía reconocer algún delicioso títere que yo pudiera mover con mis preguntas, invisibles como hilos.

Me dejaron solo. La cama de dos plazas, la habitación entera para mí. Podía estirarme, separando las piernas al máximo, o juntarlas y abrir los brazos como un crucificado. En la pared, sobre la reproducción de una Madonna de Rafael, dos manchas de humedad se unían y formaban un simpático monstruo. Pero mirándolo con un solo ojo, era únicamente el tío de Aníbal, es decir, otra suerte de monstruo, con papada fláccida y oscilante. Probé a quedarme sin ojos y el cielo me llegó entonces en puntos luminosos e intermitentes. Cuando de nuevo los abrí, la luz se pobló de islas oscuras que estallaban y desaparecían.

Usted no podía saber nada de este hedonismo, de este momentáneo desajuste, de esta tonta sorpresa. Pero mis días transparentes siempre se ayudan con un retorno a mi niñez opaca, en la cual estos juegos míos con las cosas constituían la sola justificación del futuro, casi en el mismo grado que constituyen ahora la justificación única

del pasado. Preciso esta conexión como un soporte. De vez en cuando necesito hallar esta soledad poblada, numerosa. Inevitablemente repercute en mi ser, diríase que me otorga identidad. Soy lo que soy y cuanto soy, de acuerdo a mis diferencias con ese patrón, con esa muestra. La comparación está dentro de mí como yo dentro de ella. El trayecto de mi identidad supone que he cambiado, pero la regularidad
del cambio demuestra que soy el mismo.

Acaso usted no halle en esto ninguna ansiedad verdaderamente promotora de alegría, pero yo sí la encuentro, más aún, la deseo. Por eso me gusta ser fiel a esa vinculación conmigo mismo, por eso me agrada cada uno de estos regresos a lo que ya no soy, justamente para alzarme desde ese pasado en desuso, desde esa plataforma casi absurda, hacia lo juiciosamente venidero.

Por eso también me vestí despacio, mientras pensaba que hoy había salvación para mí, es decir, que estos regresos la hacían posible. Usted debe creer que ésta es una actitud falsamente melancólica, y en rigor no me atrevo a negarlo. Yo también la considero falsa y melancólica. No piense, sin embargo, que la improviso. Soy tremendamente consciente de su inoperancia. Pero desde el instante en que así la veo, también la admito, simplemente la admito. Y entonces no me importa su probable melancolía. Más aún, la busco. Como a un fijador.

No obstante, a usted no la buscaba. Y si después de salir, vagué en esa dirección, era sencillamente porque de lunes a viernes el Parque está sin cocineras de asueto, sin vendedores ambulantes ni jinetes precoces ni matrimonios ejemplares y odiosos. De lunes a viernes, el Parque es reino exclusivo-de maestras jubiladas y jubilados tenedores de libros, de estudiantes faltadores, de empleados públicos, de neurasténicos y vagabundos, de convalecientes y de incurables.

Usted supo enseguida a qué atenerse y empezó por reconocerme. Cuando la vi, su boca grande, siempre igual a sí misma, se apresuraba a pronunciar mi nombre. Cierta ansiedad custodia se le quedó en la voz, cierto descuido del pudor, cierto infinito descorazonamiento, como si hubiera esperado no encontrarme jamás.

Yo entonces corrí, literalmente corrí a su encuentro. Usted me dio la mano y en su tacto reconocí la existencia serena, acosada, presente, de nuestras cosas subordinadas y comunes. Usted me dio la mano y yo musité: «Hoy y la alegría», así, desordenadamente, «hoy y la alegría», sin vacilar, sin pensar en rehusarla, sin alejarme obsesivamente, sin hacer nada, sin hacer absolutamente nada.

Después fui sabiendo que usted ingresaba paulatinamente en todas mis imágenes suyas que yo había abandonado: usted y su traje azul con cuello blanco junto a la verja de Los Pinos, y usted en la fotografía con mis hermanas, y a mi derecha en la cabalgata, y usted acariciando una sola vez mi cabeza, en Buenos Aires, cuando la muerte de mi madre, y también usted sola, en la playa, espiada por mí, buscando caracoles entre cantos rodados.

Sólo entonces supe hasta dónde ignoraba su vida de ahora, esa vida inconmensurable que usted sin duda habría aprehendido desde la tarde en que leí aquel soneto de Shakespeare: «Thine eyes I love, and they, as pitying me.» Usted había abierto los ojos sólo cuando dije: «O, let it then as well bessem thy heart to mourn for me ... » Sí, porque yo también anhelaba que su corazón llorase sobre mí, que llorásemos juntos y sin lágrimas por esa ausencia recíproca que habíamos decretado. Usted lo recuerda. Usted recuerda sin duda que yo le pregunté si él lo merecía. Usted tiene que recordarlo, con la misma precisión con que recuerdo yo su obstinado: «No, no lo merece. » Acaso caí en un absoluto desaliento, en una invencible sensación de fracaso, al no tener siquiera un motivo heroico en que apoyarme, en que levantar para mi orgullo ese recuerdo del futuro que dulcificara este presente.

Usted había apoyado su mano en mi nuca y había alcanzado a decirme: «No sea tan muchacho. Quienes lo merecemos somos usted y yo. Usted y yo merecemos este amor en que siempre le perteneceré, en que siempre me pertenecerá. ¡Vamos, si parece un chico! Claro que sufre. Yo también. Yo también sufro.» Sí, usted también sufría. Pero estaba verdaderamente convencida de su resolución, de su ánimo, de su firmeza. Y ésta -su firmeza acabó por perdernos. 0 salvarnos.

Esta mañana pensé: «Ahora sabré si nos hemos perdido, si nos hemos salvado.» Usted caminaba junto a mí, ¿hacia dónde? De pronto dijo: «Venga a mi casa, ahora. » Pero no cambiamos de rumbo. Desde el comienzo íbamos a su casa. Entonces agregó: «Usted se casó el catorce de noviembre de mil novecientos treinta y ocho.» Era cierto. «Debe resultar agradable verlo convertido en hombre de respeto, sermoneando a las chicas. » Estuve a punto de decirle que, efectivamente, tenía dos, pero usted las nombró: «Sara y Laurita. » De modo que usted no ignoraba nada de mí; yo de usted lo ignoraba todo. Me atreví a preguntarle por él. «¿Quién? ¿Diego? No sé nada de él. Hace unos diez años que no lo veo. » ¿Entonces? Lo peor era que su voz permanecía implacablemente tranquila, como si fuera lo más natural que hubiéramos renunciado, en beneficio de él, a nuestra porción de dicha, y que sin embargo él no la hubiera aprovechado. Pero era inútil preguntar. Primero porque usted siempre arrima el cándido bochorno de sus respuestas cuando uno ha descendido de la ansiedad, cuando uno ha aprendido momentáneamente a conformarse, tanto con la propia y respetuosa ignorancia como con ese silencio suyo, despreocupado, cordial, indiscernible, que autoriza todas las conjeturas y nada deja adivinar. Y luego, porque habíamos llegado a su casa.

No había nadie. Usted fue abriendo las ventanas, todas las ventanas. Como si deseara que la luz fría, reseca, del capitulante sol de invierno, animara ante mí esa zona invisible de su vida. Como si esperara reencontrarme agobiado de anhelos ante la sorpresivo intimidad. Ya podía internarme en el pasado invulnerable y revelador, insistir en el rumbo de aquellas sensaciones confusas, viciadas de impaciencia, que había estimulado su rostro de otro entonces. Pero el rostro de su vida actual era éste: un grabado de Renoir en la pared del fondo, la biblioteca de libros europeos, el diminuto pescador de marfil sobre el estante de ébano, los tres sillones severos, casi despectivos, el gran escritorio de roble con su Céline a mitad de lectura, y el retrato de un hombre cuarentón, con un indefenso lustre de bondad.

«Mi marido», dijo usted, sin entusiasmo y sin cansancio. Yo tenía ganas de hablar, de detener el avance ondulante de esta novedad en mi energía, de vaciar de algún modo en sus manos mi propia servidumbre de recuerdos. Nunca comprenderé por qué no se detuvo allí, por qué no prefirió dejarme simplemente aterido de claridad, a solas con su noticia, para que yo pudiera imaginarla junto a ese no-Diego, cara a cara frente a ese «él» que provenía del mundo de usted y no de «nuestro» mundo. Pero usted dijo: «Debería conocerlo. Le gustan las mismas cosas que a usted. » No. No podría enfrentarlo. ¡Que usted me haya invitado a ese insignificante sacrilegio! Me parecía increíble. Aún no sabía si era que usted sobrevivía idéntica a sí misma y era yo el promiscuo, el inestable, el tornadizo, o si yo conservaba todavía mi propia voz de usted, y usted en cambio se había acostumbrado a otro régimen de sensaciones y, lo que era peor, a otra fisonomía.

De ahí mi brusca retirada, mi adiós nervioso, mis justificaciones falsas, desmedidas. Usted no se asombró de nada. Acaso esperaba de antemano que yo no podría soportar sin miedo su nueva y desacomodada realidad, su realidad al margen de mi recuerdo, su indiferencia por la lealtad de mis emociones. Cuando usted cerró su puerta, cuando detrás de ella desaparecieron los sillones, el Renoir, el pescador de marfil, los libros, usted misma, sentí que no enfrentaba ya un presente fácil, sostenido como hasta ayer, como hasta hace unas horas, por su probable y cercana aparición. Ahora debía arreglármelas solo, con las figuras que yo puse y pondría aún en mi mundo de carne, en mi mundo de hueso, definitivamente expulsado de nuestro piélago en común, de nuestra común lejanía de la tierra. Cuando usted cerró su puerta, sentí en mí la necesaria revelación de que todo aquello de que habíamos participado ya no existía, de que mi yo de usted tampoco existía, ni existía -¡por fin!- tampoco usted.

Y es cierto: usted no existe. Ahora puedo decirlo, pensarlo, escribirlo. ¡Usted no existe! Ahora que estoy nuevamente en mi habitación y mi mujer lee el diario de la noche y se escucha desde el cuarto vecino la conversación atareada de mis hijas, ahora puedo admitirlo, comprobarlo, demostrármelo. También puedo demostrárselo a usted. En realidad usted fue siempre una imagen. La imagen que yo creé a partir de un conjunto de anhelos, de deseos incumplidos, de pequeños fracasos, exactamente como creé mi pequeño monstruo a partir de una mancha de humedad o como inventé un títere a partir de Laurita en el espejo. Usted fue la imagen de la mujer segura, la mujer con enorme capacidad de sacrificio, la infatigable presencia humana que yo hubiera aprendido a amar. Usted fue la criatura mía, solamente mía, la que yo inventé a fin de que mi ideal no permaneciera eternamente abstracto, a fin de que tuviera rostro, decisiones, palabras, tal como las otras criaturas -las creadas por Dios y no por mí- que me rodeaban y no coincidían con mi réplica desamparada, con esa venganza sutil que, obedeciendo a una sencilla tradición podemos tomarnos aun los solitarios, los siempre descontentos, los oscuros. Yo la inventé a usted con su piel de pecas, con su mirada reticente, con sus manos afiladas y tibias, con sus silencios flexibles, con su recurrente ternura. Yo la creé idealmente imperfecta, con esas pequeñas y poderosas fealdades que inexplicablemente singularizan un rostro y le comunican su derecho al recuerdo, con esas comisuras de simpatía que desmantelan la serenidad y esclavizan el sueño. Así ingresó usted a mis insomnios, así participó de esa complicidad pueril que yo formé para su sola imagen. Pero usted fue creada ya con un pasado, con un pasado de traje azul y cuello blanco junto a la verja de Los Pinos, con un pasado de fotografías (imágenes imaginadas de su imagen) junto a mis hermanas de presencia categórica y carnal, y a mi derecha en la cabalgata, y acariciando una sola vez mi cabeza en Buenos Aires, cuando la muerte de mi madre (me costaba muchísimo crear artificialmente la sensación del contacto), y también usted sola en la playa, espiada por mí, buscando caracoles entre cantos rodados. Usted fue creada con ese pasado, tal como se construye un aparato de precisión con sus accesorios. Usted fue creada a partir de un sacrificio, de una lectura del soneto CXXXII de Shakespeare, de un beneficiario apócrifo llamado él o también Diego, de una promesa mutua de renuncia. De este modo era usted una imagen alejada, es decir, un recuerdo de imagen, y por ello tremendamente próximo al recuerdo de una presencia real. En rigor, usted no debía aparecérseme nunca, usted debía sencillamente mantener el rumbo de mi segunda existencia. Obstinado en el recuerdo de su imagen, yo había descartado -razonablemente descartado- la posibilidad de la presencia de su imagen. No obstante, en el subsuelo irracional que desmiente nuestros actos obligados y embusteros, allí, en ese fondo duramente veraz, no estaba descartado su regreso. Allí su regreso vivía con la misma intensidad de mis juegos conceptuales con las cosas, con la misma vehemencia que me dejaba convertir a mi hija en un títere o a una mancha de humedad en un monstruo de papada fláccida y oscilante. Recién ahora admito que había pensado nuestro encuentro en el Parque, mil veces nuestro encuentro en el Parque, pero siempre como posible, nunca -hasta ayer- como virtualmente real. Hasta ayer ese encuentro era para mí la obsesionante representación de una espera, un encuentro eternamente a ser en el futuro, nunca siendo ya. Deliberadamente había dejado de proyectar su imagen a fin de proyectar interminablemente la memoria de su imagen (gracias a su pasado accesorio) a la vez que la esperanza de su imagen (gracias al irrealizado pero no irrealizable encuentro en el Parque). De ahí que yo viviera, junto a mis hijas y junto a mi mujer, sostenido por el recuerdo de su rostro anterior y por la esperanza de su rostro futuro, que debían guardar entre sí el parentesco impuesto por mi capacidad de invención. Claro que sólo podía representarme los rasgos de su rostro pretérito. El otro, su rostro a llegar, el rostro que usted iba a tener en el Encuentro, sólo podía representarlo como probabilidad, o sea, en preimagen. La verdadera imagen acaecería en el instante en que por fin me decidiese a representar ese encuentro constantemente postergado.

Hoy me decidí. Usted no puede saber por qué. Me decidí sencillamente para terminar con usted de una vez por todas. En mis manos tenía dos rumbos: postergar indefinidamente el Encuentro y continuar viviendo una alegría a experimentar, o resolverme a imaginar ese Encuentro y alejarla a usted definitivamente de mi juego. Lo primero era una tortura viva; lo segundo, otra más llevadera: meramente resignarme a su desaparición. Pero, ¿cómo podría usted desaparecer? ¿No se renovaría el recuerdo agregando nuevas imágenes a su primitivo pasado accesorio? Yo no aceptaba continuar viviendo de este modo. De manera que la única solución era crear el Encuentro, literalmente verla imaginada, pero a la vez imaginarla traicionándose y traicionándome, es decir, eludiendo nuestro cerrado mundo en común. Desde el momento en que usted fuera infiel a nuestro sacrificio, o sea, desde el momento en que eludiera al beneficiario apócrifo, a él, es decir, a Diego, para pertenecer estúpidamente a un no-Diego, entonces yo podría escapar derrotado, asqueado quizá por su cambio, por su deserción. Por eso le puse nombre a este espacio: «Hoy y la alegría. » Sencillamente hoy y la alegría, porque era la cúspide, el apogeo de mi juego, de la terrible tensión seguida del agotamiento de ese mismo juego, de la terrible desaparición de usted. Era el tiempo en su exacto valor: el hallazgo y la pérdida, el consuelo y la desesperanza.

Y todo lo cumplí. Es decir, lo cumplió usted. Usted me llevó a su casa. Usted abrió las ventanas para que yo viese el Renoir, los libros, el retrato. Usted comentó: «Mi marido» y me invitó a conocerlo. Usted -oh, ¿por qué?- no guardó silencio.

Usted no podía, no puede saber que he regresado ahora a mi habitación, que estoy al lado de mi mujer dormida (el diario de la noche caído sobre su rostro), que el cielo nocturno penetra lentamente en mí, que a mi solo conjuro usted perdería su sinrazón de ser y que, no obstante ello, mañana, tal vez esta misma noche, jugaré de nuevo a imaginar y me representaré golpeando a su puerta y la imaginaré recibiéndome -sí, exactamente así- con su invencible, antigua risa de Los Pinos, con otro traje azul de cuello blanco, con sus queridas manos afiladas y tibias. Y usted me dirá: «Lo esperaba» o también «Voy a presentarle a mi marido. Le gustan las mismas cosas que a usted.» Y usted cerrará la puerta y entonces seré yo el inexistente. Porque no saldré nunca, nunca, nunca, aunque el tiempo se harte de correr y yo descanse en el sillón adusto o contemple a mis anchas el perfecto Renoir o tome en mis manos el irrisorio pescador de marfil y tras de contemplarlo durante cuatro siglos, lo deposite con cuidado, casi con ternura, sobre el desguarnecido estante de ébano."

*Mario Benedetti 

viernes, noviembre 07, 2014

La triste Carta de Amor de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo

"Simplemente no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna. No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en cosas concretas; no me interesan. Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿Qué haré cuando me sumerja en mis fantásticos sueños y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un 'saber volver'. No lo querré acaso." Alejandra Pizarnik, diarios de 1955-1972.
 
Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

 

sábado, noviembre 24, 2012

AFIRMACIÓN DE AMOR


AFIRMACIÓN DE AMOR

AFIRMACIÓN DE AMOR

Cuando salía por la puerta del este
Caminando sin rumbo,
Te conocí.
Sueño contigo en un lugar tranquilo,
Compartiendo tu lecho y cuidando de ti.
No tenemos lugar para citas secretas,
Bajo la morera apenas somos dos
Que pasan y se enamoran.

Amo tu bello rostro
Y te gusta el mío.

¿Cómo demostrar mi confianza en ti?
Me gustaría darte un par de brazaletes dorados.

¿Cómo expresar mi pasión?
Con un par de anillos de plata.
¿Cómo declararte mi amor?
Con un par de brillantes de nácar.
¿Cómo mi sinceridad?
Con una bolsita de perfume.
¿Cómo demostrarte mi complacencia?
Con un par de ajorcas.
¿Cómo encadenar nuestros corazones?
Con un par de agujas cosidas con blanco algodón.
¿Cómo disfrutar de nuestro mutuo y armonioso carácter?
Con un dorado prendedor de figuras talladas.
¿Cómo soportar la separación?
Con un alfiler con cabeza de oro.
¿Cómo expresar nuestro goce?
Con una camisa de seda.
¿Dónde nos veremos?
Al oeste de aquella montaña.
Es tarde y aun no vienes.
El viento entra en mi jubón;
Busco en la distancia y no alcanzo a verte.
Mis lágrimas caen una tras la otra.
Entonces me levanto. Quisiera saber qué hacer.

- ANÓNIMO.

sábado, abril 28, 2012

CANCIÓN DE XIANG YU

 

CANCIÓN DE XIANG YU

Fuerza tuve para descuajar colinas
Mi espíritu dominaba el siglo.
Ahora, en esta hora de desgracia,
Mi brioso corcel no puede huir.
Bravo potro,
Incapaz de arrancar de nuevo,
Sin esperanza alguna.
¡Oh Dama de Yü, mi Yü!
¿Qué será de ti?
- XIANG YU

miércoles, agosto 31, 2011

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje...Alejandra Pizarnik




«Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa»
Alejandra Pizarnik

domingo, febrero 27, 2011

BUENAS NOCHES DR. FÉLIX MORENO PRESIDENTE DE LA REGIONAL DEL CALLAO



BUENAS NOCHES DR. FÉLIX MORENO PRESIDENTE DE LA REGIONAL DEL CALLAO



CALLAO,ESCUDO,PER�,JEM WONG
DR. FELIX MORENO

Callao, 27 de febrero de 2011

Buenas noches Dr. Félix Moreno Presidente De La Regional Del Callao

Hace unas horas viví una experiencia horrible eran las 10. 20 pm, sentí gritos y ruidos semejantes a balazos o explosiones, pensé que se estaban matando en la calle.

Cuando abrí la puerta de mi casa pude ver que era fuego, las llamas alzaban cinco o siete metros de altura y el calor era tan fuerte que impedía respirar.
Se incendiaban las casas de mis vecinos. Gentes de condición modesta, atine a gritar ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Saquemos agua!!!!!!!!!!!!!! Todas corrimos, sacamos la manguera pero no había mucha presión, al vernos ayudar otros vecinos hicieron lo mismo, debíamos enfriar los alrededores para aislar el fuego. En 15 minutos una de las casas desapareció porque era de construcción mixta y altamente inflamable, solo quedaron los muros en pie, perdieron absolutamente todo.

El fuego no se propago a las casas de los alrededores gracias a que hace unos años con permiso de dichos vecinos , rodee sus casas de árboles frondosos, estos actuaron como muros de contención y pensar que cuatro de ellos fueron talados por alguien que arbitrariamente lo hizo por el simple hecho de que le molestaba el canto de las aves y no pude hacer nada para impedirlo.

Al fin llegaron los bomberos creo que unas cinco o seis unidades, después de más de dos horas lograron apagarlo.

Me siento triste por esa familia, no pude hacer más de lo que hice y ahora me pregunto cómo puedo en ocasiones sentirme tan mal por cosas menos importantes, si hay gentes que tienen que enfrentar situaciones tan dolorosas como las que aquí describo.

En el Callao por lo general cortan el agua de 10.00 pm a 04.00 am, cuando corríamos todos con agua para ayudar era con lo poco que se tienen en los tanques de almacenamiento y en las piscinas que llenan los vecinos los fines de semana para que jueguen los niños.

Es criminal esto, no se piensa en las consecuencias de dichos cortes ante situaciones como estas. Los hidrantes no funcionan y son pocos los instalados en esta urbanización, tengo entendido que hay un reglamento sobre esto, al parecer no se cumple.

En casa que está a siete metros frente del siniestro no reventaron los vidrios gracias a que también está rodeada de árboles y por suerte el viento a esas horas corre de sur a norte, todo hubiera sido diferente si el incendio hubiera sido un par de horas más tarde en que cambia la dirección del viento.

Casi Todos los árboles que rodean la cuadra de mi casa los he sembrado con mi dinero, los que ahora viven son los sobrevivieron de un total de 75, no quedan ni la tercera parte.

A Dios gracias no se perdieron vidas humanas. Estar en situaciones así me hacen pensar en lo frágil que es la vida y en como en minutos todo desaparece.
Dr. Félix Moreno Presidente De La Regional Del Callao, poco puedo hacer por esa familia. En este momento estoy de vacaciones en la Universidad para la cual la trabajo por consiguiente no percibo sueldo alguno, mañana veré en que puedo ayudar a la familia afectada con lo que tengo en casa . Le invoco a título personal su ayuda para esa familia quizás Ud. Pueda hacer algo no les quedo nada y puede comprobarlo.

Sé que Ud. tendrá muchas obligaciones y que las gentes siempre piden pero esta solicitud no es para mí, la hago porque me siento en la obligación de por lo menos servir de canal para llegar a Ud.

La casa siniestrada se ubica en la Urb. Ramón Castilla Block M a una cuadra de la comisaría, el número exacto no lo sé pero es fácil ubicarla. Allí vive un anciano que conozco desde que yo era niña , su hija , su nuera y una bebe que ha quedado en observación en el hospital .

Perdone mi atrevimiento

Atentamente

Fanny Jem Wong

domingo, junio 22, 2008

WALTER FAILA: EL ÚLTIMO DESEO

WALTER FAILA:  EL ÚLTIMO DESEO


I AMIGO WALTER FAILA ESCRIBIÖ :"El último deseo"


Si se derrumba el cielo, si se rompe el mar.
Si a mi poesía la traga el infinito,
si cae mi nombre fulminado por el tiempo.

Si en la ribera el agua se olvida de la arena.
Y en las costas de mi río las hierbas esconden
las cicatrices de mis huellas.

Quiero que estés allí, ¡corazón de trigo!
Juntando mis vocales a la vera de los verbos,
amontonando mis despojos
en los escombros del camino.

Porque sabes mas que todos mis místicos silencios.
Porque intuyes en mis labios tus senos en mi vicio.

Si a la sombra de mis montes el sol las elimina
con su brillo tenaz de loco aventurero.
Si me suben por las manos tus hiedras suaves,
huidizas a mi tacto de flor en terciopelo.

Si en mi ciega singladura hacia tu muelle
naufrago en la ignorancia de la isla de tus besos.

Si en mi pueblo se agiganta mi nostalgia
y rueda el delirio
en la urbana belleza de tu piel de caramelo.

Si no logro alcanzarte con mis alas de bardo,
si son mas altos los muros de tu vida.
Si son inalcanzables los luceros de tus ojos,
y se quiebran mis vuelos, y me hundo en la muerte.

Quiero que estés allí, ¡ Corazón de trigo!
Antes que se agote mi último suspiro
antes que se trague mi garganta
la dicha de decirte que te quiero.-


Walter Faila
Publicado por Walter Faila en 17:36
Etiquetas: POESIAS DE WALTER FAILA

martes, noviembre 27, 2007

WALTER FAILA ESCRIBIÓ: SONETO A DIOS Y LA MUERTE

WALTER FAILA ESCRIBIÓ: SONETO A DIOS Y LA MUERTE




MI AMIGO WALTER FAILA ESCRIBIÓ: SONETO A DIOS Y LA MUERTE


Hacia el sur, tu mirar no llegaba.
Observando siempre desde lejos
Como si fuese que los espejos
tus ojos de terciopelo cegaran.

Hacia el sur nunca, jamás mirabas.
Eran tus iris dos lunas blancas,
como descarriladas de las bandas,
de un inmenso billar de Nevada.

¿Como saber si en verdad consentías,
lo que en mi pobre suelo sucedía,
sin que volvieras , curioso, tu espalda?

¿Como saber si al menos rezaban,
aquellos que sin mediar profecías,
en nombre tuyo, Señor, nos mataban?



WALTER FAILA
POETA ARGENTINO

miércoles, noviembre 14, 2007

WALTER FAILA ESCRIBIÓ: LUNA SANGRANTE

WALTER FAILA ESCRIBIÓ: LUNA SANGRANTE



MI AMIGO WALTER FAILA ESCRIBIÓ: Luna Sangrante



¡Mírame los ojos!
¡Como sudan los iris
en su agujero opaco!

¡Mírame la boca!
¡Como se hace sismo
tu nombre entre mis labios!

Lograste congelar las latitudes.
Conseguiste
que el sol ya no brillara.


¡Cuanta melancolía
esconden en mis poblados,
las sombras que con tus luces,
de efímero lucero has engañado!

¡Cuantos poesías
te escribí en silencio!
¡Con cuanta tinta se manchó mi alma!

Tengo tu libro en mi pecho.
¡Cien poemas sin palabras!
un prólogo con tu nombre,
y un epílogo de hojas blancas.

¡Danzan fúnebres duendes!
¡Gritan asustadas mis calandrias!
Una carroza se asoma,
y tu imagen ya la aguarda.

¡Lograste herir al horizonte!
¡Lograste hacer
que la luna sangrara!

¡Que débil fue mi amor,
ante el acero de tu lanza!
¡Que frágil mi universo,
para tu flecha envenenada!

Walter Faila

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  RETAZOS AMARILLOS por FANNY JEM WONG 6 Sobre la cuna de raso oscuro danzó frenética la muerte.   RETAZOS AMARILLOS por FANNY JEM W...

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
sonríe la flor / es rojo sobre rojo / principio y fin

🔴 CONTINTATUSÁN EXHIBICIÓN DIGITAL LITERARIA: FANNY JEM WONG 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎⛩️

🔴 CONTINTATUSÁN EXHIBICIÓN DIGITAL LITERARIA: FANNY JEM WONG 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎⛩️
🔴 CONTINTATUSÁN EXHIBICIÓN DIGITAL LITERARIA 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎⛩️ Fanny Jem Wong es autora de los poemarios Haikus (2018), El péndulo amarillo (2019), La médula nocturna (2021) y Retazos amarillos y el piano negro (2022). En ellos aparece un rico diálogo con la naturaleza (y, en particular, con la luna), así como frecuentes referencias a una china ancestral con bosques de bambú, papeles de arroz, dragones, un Emperador Amarillo y topónimos chinos. Así, en “Golondrina del banjó” oímos ecos de un modernismo exotizante con orgullosas referencias a un refinado mundo chino: una princesa amarilla, pálida y de ojos rasgados va vestida de plumas y jades, y porta un amuleto rojo mandarín. Mira de nuevo al este en Haikus y Péndulo amarillo, no solo por el formato del haiku sino a veces también por las imágenes y el gusto por el color amarillo. Las referencias a la cultura japonesa aparecen con ecos de Matsuo Basho y referencias a sakuras: “en luna llena / sakuras y hortensias / enlazan tallos”. Otros poemas evocan un erotismo sutil, como en los siguientes haikus: “vida y muerte / entre sábanas blancas / deslizándose” y “cerezas rojas / pasiones sin alivio / el bambú crece”. Por: Ignacio López-Calvo

HAIKU

HAIKU
HAIKU suave pelaje-aroma de algodón-sonrisas nuevas-Fanny Jem Wong

“Agotadoras horas / oscilaciones constantes / las bestias gritan / en la profundidad del abismo" FJW

“Agotadoras horas / oscilaciones constantes / las bestias gritan / en la profundidad del abismo" FJW
Las cosas que amo no son cosas por lo tanto no tienen precio. Esa es mi única verdad y mi fuerza. Fanny Jem Wong M

SALUDO DE LA REVISTA ORIENTAL : CUMPLEAÑOS DE FANNY JEM WONG

SALUDO DE LA REVISTA ORIENTAL : CUMPLEAÑOS DE FANNY JEM WONG
Acompañada de Fabiana Mendiola Wong, Betsy Wong Miñán, Esther Miñán de Wong, Marco Manrique, Arturo Sebastián Ramos Riofrio, Daniela Manrique Wong , Giorgio Romildo Ramos Wong

HAIKU

HAIKU
HAIKU 10 : sobre el papel / mares de roja tinta /pariendo versos / Fanny Jem Wong

INQUEBRANTABLES

INQUEBRANTABLES
“No se puede envolver el amor en una caja, pero se puede envolver a una persona en un abrazo.”

INQUEBRANTABLES

Presidente chino, Xi Jinping

Presidente chino, Xi Jinping
La economía China es un gran océano. No un pequeño estanque. En el gran océano, hay tiempos de calma y también hay tiempos de fuertes vientos y lluvias torrenciales. Sin tormenta entonces ya no sería un océano. Una tormenta violenta puede voltear un pequeño estanque pero nunca al gran océano. Hemos experimentado numerosas tormentas y el gran océano sigue ahí. Después de 5000 años de penurias. China todavía está ahí. Frente al futuro, China siempre estará aquí . Presidente chino, Xi Jinping

Zhuangzi

El camino a la iluminación está lleno de paradojas. Para encontrar, primero debes perder. Para llegar, primero debes partir.