Zhuangzi

La verdadera grandeza no necesita ser ostentosa. La verdadera sabiduría no necesita ser demostrada. Zhuangzi
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domingo, febrero 13, 2022

Sobre la impecable belleza del amor dolido , MARCO MARTOS

El juego de un amor que no ha sido realizado
y que no lo será nunca, es un amor eterno.
MARCO MARTOS CARRERA


Sobre la impecable belleza del amor dolido ,  MARCO MARTOS dice:


El juego de un amor que no ha sido realizado y que no lo será nunca, es un amor eterno.



viernes, febrero 01, 2019

"Soledad de la campana" José Emilio Pacheco


"Soledad de la campana"
José Emilio Pacheco

 
Soledad de la campana.
Le dice adiós al tañido.
Último son de su bronce,
flecha ardiente en el silencio.
Vaga en busca de los ecos
pero nadie le contesta.

sábado, noviembre 17, 2018

Tinieblas de abril por Marco Martos

 
Tinieblas de abril por Marco Martos

 

Tinieblas de abril por Marco Martos 


Veo partir a los gansos salvajes hacia el sur
y se me acongoja el corazón
pues son la estela que anuncia tu viaje,
el pálpito y el vaticinio de que no volverás.
Donde quiera que estés serás inaccesible,
apenas te llegará mi voz como un eco de un eco
del susurro de una flor.
Tal vez mire a los gansos en otra estación
y una lágrima tuya
pugne en mi ojo, ansiosa por salir,
tal vez solo escuche el rumor del viento
y el aleteo de las lechuzas dando vueltas
alrededor del blanco campanario
en las tinieblas de abril.
 
 
OTRAS OBRAS DE MARCO MARTOS

 

LIBROS DE MARCO MARTOS CARRERA

LIBROS DE MARCO MARTOS CARRERA


 
 
 

viernes, agosto 10, 2018

UN EXTRAÑO SUEÑO POR FANNY JEM WONG

UN EXTRAÑO SUEÑO POR FANNY JEM WONG


 
 

UN EXTRAÑO SUEÑO POR FANNY JEM WONG


Llovían dentro del viejo armario
espesas  gotas de sudores
y fieros deseos.
En su cobrizo  espejo
la supersticiosa historia
de los naranjos cobraba vida.

Resbalando sobre la mullida hierba
 iban desnudas dos  jugosas naranjas.
Enlazadas como argollas  
infernales se fusiona
lo cóncavo y  lo convexo.
Inverosímiles y tentadoras imágenes
de frutos que se exprimen
hasta la sangre.

Fina y erguida  
una rama explora ávida
 la amarga y dulce almendra  de fuego
Preciosa  y esmaltada semilla  rosada
que es devorada  
ansiosamente completa
Una transparente y verde  hoja
refleja la colosal penetración  
del  húmedo  centro.

Entre gemidos desesperados
el tiempo que marca
el reloj se contrae y se expande
Tic tac, golpeteo de  ecos
sobre el inestable  y rojizo tejado  
del mágico armario
La escena de la  indócil danza
de los naranjos ondula
frenética con el viento.

Y un  torcido cielo raso  
frágil como  una casa de  juguete
sede, tiembla, se desploma
Sobre la madera rota,
clavo de olor, un trozo de canela
y una flor de naranjo.

Vaya...hola.es curioso
¿Sabes? Me quede dormida
tuve un extraño sueño.
 
FANNY JEM WONG
26.02.06

sábado, septiembre 23, 2017

SABES AMOR POR FANNY JEM WONG


SABES AMOR POR FANNY JEM WONG


¿SABES AMOR?


De los amores que he vivido
Tú la caricia que ardía en el alma
la nube gris, la nefasta tormenta
la brisa que abraza y se aleja
la roca que protege y lapida
el ferviente crítico de mis verdades.

Tú la fuente agotadora, dulce y amarga
el profeta de miles de sueños sin frutos
el torcedor de palabras, el cuenta cuentos
el consejero soberano, la pena, el delito y el castigo
el extranjero, el conquistador y el corsario.

De los amores que he vivido
Tú la idea fija devorando la mente
 el aliento furioso cual tormentoso océano
 la blanca verdad, la colorada mentira
 la carne que se tragaba mis carnes
... La sangre alimentada por mi sangre.

Tú la cadencia del aria que vistieron los labios
la promesa siempre extraña, el círculo eterno
 la profunda desesperación que ahoga
.el amor, entrega, placer convertido en comedia
la fantasía que me robo el aliento.

De los amores que he vivido
Tú el grave error de todos los tiempos
la enfermedad que carcome los huesos
la puerta del averno en la que vivo presa
la espantosa distancia de un tiempo sin tiempo
el epicentro de mis yoes convertidos en silencios.

De los amores que he vivido
Tú  siempre tú ¿Sabes amor?
De nada me arrepiento

FANNY JEM WONG
De los amores que he vivido
Tú fuiste él que más he querido.

miércoles, febrero 22, 2017

ECOS POR FANNY JEM WONG

ECOS POR FANNY JEM WONG


 


ECOS POR FANNY JEM WONG


Si los ecos hubieran sido escuchados quizás  entenderían
La verdad es solo una No existen verdades a medias
Nadie ama la mitad, ni tiene medio orgasmo, ni media muerte
Nadie es media mujer, .medio hombre o medio  ser humano.

Si los ecos hubieran sido tan solo por una vez descifrados
Entenderían este dolor que flagela y asesina mi alma
Condenada estoy por voluntad al país de los silencios
En donde la frialdad y la duda nunca más podrán dañarme.

Siglos se abren de incertidumbres frente a las cuencas vacías
El invierno cubre de nieve las palabras nunca pronunciadas
Inútilmente  he amado solo  sueños que nunca tuvieron rumbo
Cautiva  entre las dimensiones de mis  propios  infiernos.

Una sombra suspendida soñando con reyes, duendes, torres y castillos
Un reino de magníficos   espejos y miles de corredores secretos
Pabellones estrechos, cientos de  puertas pesadas
Por donde transitaron  aguas  oscuras de melancolías.

Las luces brillantes que me atraen, fueron solo espejismos
Destrozando  los vidrios de la casa del  alma que guardaban los sueños
Y los muros uno a uno sucumbieron ante realidades que aplastan
¡No dejaré que destruyan mi Reino! ¡Pintaré sus muros de recuerdos!

De sueños quizás de cristal de bohemia en invencibles espejos
¡Diosa de fuego! ¡Diosa de los espejos! ¡Diosa de las mil perlas!
Levántate orgullosa, pronuncia  descomunalmente tus cantos
Ensordece a los ríos, haz remecer la cimiente de las montañas.

Apaga la estúpida sonrisa  de la  vieja Luna, encrespa los mares
Que la tierra entera  tiemble frente a los ecos de tus cantos
Y se apaguen las sonrisas de los  farsantes  y los mentirosos
Vence  los misterios del  tiempo que lo destruye todo .

Elévate por encima del común de los hombres
 Que no mueran los ecos  de tu poesía, Hija Del Fuego.

FANNY JEM WONG
Mi poesía soy yo
18.12.05
LIMA  PERÚ

A quienes he amado eternice en el tiempo


jueves, septiembre 15, 2016

VIBRACIONES EL POEMA POR FANNY JEM WONG


VIBRACIONES EL POEMA POR FANNY JEM WONG


 
VIBRACIONES 

Ritmo multicolor en las  palabras
Ritmo y qué ritmo en las azules aguas
Ritmo en las esmeraldas campiñas
En las doradas montañas
En el canto de las aves  enamoradas
En el grácil batir de las alas de los pájaros
En el diestro vuelo de enormes  mariposas.

Ritmo y qué ritmo tienen las hadas,
Los duendes, las sirenas, ondinas y ninfas
Ritmo en lo más pequeño y  en  lo más grande,
En el aire, en  la tierra, en  los mares.
En la  roja flama de una vela, que no quiere apagarse
En los árboles balanceándose  lentamente
En  las hojas  que se agitan en un tiempo más rápido.

Ritmo sobre la verde hierba
Ritmo bajo la copa del rosado árbol
Ritmos desnudos, fieros amantes
Ritmo salvaje, lujuriosa danza de caderas en llamas
Ritmos complejos de estrepitosas ondas marinas.
Ritmo en lo oscuro y en lo claro.
Ritmo en el destino de mi real naturaleza.

Ritmo de las estaciones que mueren cada año
Ritmo y qué ritmos en las décadas, los  siglos y milenios
En donde eres tú ritual, fuego descomunal y sagrado
Eres y serás siempre tú eterna,
deslumbrante, mi mágica hechicera,
tronco de bambú que no se quiebra,
extrema tristeza del dolor,
jubilosas  risas  huyendo de prisa
en  los armoniosos ecos de mi discordante vida.

Si eres tú, la poderosa e inmortal cuerda perdida
en donde enlazó por toda la eternidad miles de versos
en perfecta paz con todos sus perplejos significados.
Si eres tú, el temblor allá lejos en el silencio que se rompe
Mi amada música, melodía celestial de millones de esferas
destinada a  nunca cesar, recreando en luz  dorada de éter
la manifestación magnificente de todo mi versar.
FANNY JEM WONG

El hombre debería de tomar conciencia, que no solo se forman buenos seres humanos en las escuelas, sino también en las salas de concierto ,en donde se  les da la oportunidad de edificarse por medio de la música, cuando esto suceda, quizás se rendirá culto a la música, como la cosa más grande que existe en la vida.
 

miércoles, marzo 02, 2016

"HOY Y LA ALEGRÍA" POR MARIO BENEDETTI

"HOY Y LA  ALEGRÍA" POR MARIO BENEDETTI
 

"HOY Y LA  ALEGRÍA"

"Poco importaba que no fuera domingo ni primavera. Igual me sentía dispuesto a que algo extraordinario me purificase. En realidad, son pocos los días en que uno puede sentirse anticipadamente alegre, alegre sin ruedas de café ni cantos nauseabundos a la madrugada, ni esa pegajosa, inconsciente tontería que antes y después nos parece imposible; alegre de veras, es decir, casi triste.

Usted no podía saber que hoy, recién despierto, yo había admirado el lago de cielo -nacido, durante mi sueño, en la ventana abierta- que rozaba el pelo rubio de mi mujer. De mi mujer silenciosa, encuadrada en su costumbre, a los pies de la cama. Logré descubrirle, a pesar del contraluz, cuatro o cinco gestos, cuatro o cinco expresiones nuevas, tan sorpresivas, que me hicieron sonreír. No dijo nada, pero su silencio no alcanzó a incomodarme. Simplemente me pareció tonto explicarle que recién hoy había advertido un pasaje inédito de su rostro de siempre. Ni siquiera estaba seguro de no haberlo inventado.

Luego, entraron mis hijas. Entonces todos hablamos y en especial Laurita. En vez de mirarlas directamente, yo acechaba la enorme moña azul que devolvía el espejo, y en la imagen total de mi hija, con los brazos caídos a lo largo del delantal y su cabecita fluctuante entre síes y noes, me parecía reconocer algún delicioso títere que yo pudiera mover con mis preguntas, invisibles como hilos.

Me dejaron solo. La cama de dos plazas, la habitación entera para mí. Podía estirarme, separando las piernas al máximo, o juntarlas y abrir los brazos como un crucificado. En la pared, sobre la reproducción de una Madonna de Rafael, dos manchas de humedad se unían y formaban un simpático monstruo. Pero mirándolo con un solo ojo, era únicamente el tío de Aníbal, es decir, otra suerte de monstruo, con papada fláccida y oscilante. Probé a quedarme sin ojos y el cielo me llegó entonces en puntos luminosos e intermitentes. Cuando de nuevo los abrí, la luz se pobló de islas oscuras que estallaban y desaparecían.

Usted no podía saber nada de este hedonismo, de este momentáneo desajuste, de esta tonta sorpresa. Pero mis días transparentes siempre se ayudan con un retorno a mi niñez opaca, en la cual estos juegos míos con las cosas constituían la sola justificación del futuro, casi en el mismo grado que constituyen ahora la justificación única

del pasado. Preciso esta conexión como un soporte. De vez en cuando necesito hallar esta soledad poblada, numerosa. Inevitablemente repercute en mi ser, diríase que me otorga identidad. Soy lo que soy y cuanto soy, de acuerdo a mis diferencias con ese patrón, con esa muestra. La comparación está dentro de mí como yo dentro de ella. El trayecto de mi identidad supone que he cambiado, pero la regularidad
del cambio demuestra que soy el mismo.

Acaso usted no halle en esto ninguna ansiedad verdaderamente promotora de alegría, pero yo sí la encuentro, más aún, la deseo. Por eso me gusta ser fiel a esa vinculación conmigo mismo, por eso me agrada cada uno de estos regresos a lo que ya no soy, justamente para alzarme desde ese pasado en desuso, desde esa plataforma casi absurda, hacia lo juiciosamente venidero.

Por eso también me vestí despacio, mientras pensaba que hoy había salvación para mí, es decir, que estos regresos la hacían posible. Usted debe creer que ésta es una actitud falsamente melancólica, y en rigor no me atrevo a negarlo. Yo también la considero falsa y melancólica. No piense, sin embargo, que la improviso. Soy tremendamente consciente de su inoperancia. Pero desde el instante en que así la veo, también la admito, simplemente la admito. Y entonces no me importa su probable melancolía. Más aún, la busco. Como a un fijador.

No obstante, a usted no la buscaba. Y si después de salir, vagué en esa dirección, era sencillamente porque de lunes a viernes el Parque está sin cocineras de asueto, sin vendedores ambulantes ni jinetes precoces ni matrimonios ejemplares y odiosos. De lunes a viernes, el Parque es reino exclusivo-de maestras jubiladas y jubilados tenedores de libros, de estudiantes faltadores, de empleados públicos, de neurasténicos y vagabundos, de convalecientes y de incurables.

Usted supo enseguida a qué atenerse y empezó por reconocerme. Cuando la vi, su boca grande, siempre igual a sí misma, se apresuraba a pronunciar mi nombre. Cierta ansiedad custodia se le quedó en la voz, cierto descuido del pudor, cierto infinito descorazonamiento, como si hubiera esperado no encontrarme jamás.

Yo entonces corrí, literalmente corrí a su encuentro. Usted me dio la mano y en su tacto reconocí la existencia serena, acosada, presente, de nuestras cosas subordinadas y comunes. Usted me dio la mano y yo musité: «Hoy y la alegría», así, desordenadamente, «hoy y la alegría», sin vacilar, sin pensar en rehusarla, sin alejarme obsesivamente, sin hacer nada, sin hacer absolutamente nada.

Después fui sabiendo que usted ingresaba paulatinamente en todas mis imágenes suyas que yo había abandonado: usted y su traje azul con cuello blanco junto a la verja de Los Pinos, y usted en la fotografía con mis hermanas, y a mi derecha en la cabalgata, y usted acariciando una sola vez mi cabeza, en Buenos Aires, cuando la muerte de mi madre, y también usted sola, en la playa, espiada por mí, buscando caracoles entre cantos rodados.

Sólo entonces supe hasta dónde ignoraba su vida de ahora, esa vida inconmensurable que usted sin duda habría aprehendido desde la tarde en que leí aquel soneto de Shakespeare: «Thine eyes I love, and they, as pitying me.» Usted había abierto los ojos sólo cuando dije: «O, let it then as well bessem thy heart to mourn for me ... » Sí, porque yo también anhelaba que su corazón llorase sobre mí, que llorásemos juntos y sin lágrimas por esa ausencia recíproca que habíamos decretado. Usted lo recuerda. Usted recuerda sin duda que yo le pregunté si él lo merecía. Usted tiene que recordarlo, con la misma precisión con que recuerdo yo su obstinado: «No, no lo merece. » Acaso caí en un absoluto desaliento, en una invencible sensación de fracaso, al no tener siquiera un motivo heroico en que apoyarme, en que levantar para mi orgullo ese recuerdo del futuro que dulcificara este presente.

Usted había apoyado su mano en mi nuca y había alcanzado a decirme: «No sea tan muchacho. Quienes lo merecemos somos usted y yo. Usted y yo merecemos este amor en que siempre le perteneceré, en que siempre me pertenecerá. ¡Vamos, si parece un chico! Claro que sufre. Yo también. Yo también sufro.» Sí, usted también sufría. Pero estaba verdaderamente convencida de su resolución, de su ánimo, de su firmeza. Y ésta -su firmeza acabó por perdernos. 0 salvarnos.

Esta mañana pensé: «Ahora sabré si nos hemos perdido, si nos hemos salvado.» Usted caminaba junto a mí, ¿hacia dónde? De pronto dijo: «Venga a mi casa, ahora. » Pero no cambiamos de rumbo. Desde el comienzo íbamos a su casa. Entonces agregó: «Usted se casó el catorce de noviembre de mil novecientos treinta y ocho.» Era cierto. «Debe resultar agradable verlo convertido en hombre de respeto, sermoneando a las chicas. » Estuve a punto de decirle que, efectivamente, tenía dos, pero usted las nombró: «Sara y Laurita. » De modo que usted no ignoraba nada de mí; yo de usted lo ignoraba todo. Me atreví a preguntarle por él. «¿Quién? ¿Diego? No sé nada de él. Hace unos diez años que no lo veo. » ¿Entonces? Lo peor era que su voz permanecía implacablemente tranquila, como si fuera lo más natural que hubiéramos renunciado, en beneficio de él, a nuestra porción de dicha, y que sin embargo él no la hubiera aprovechado. Pero era inútil preguntar. Primero porque usted siempre arrima el cándido bochorno de sus respuestas cuando uno ha descendido de la ansiedad, cuando uno ha aprendido momentáneamente a conformarse, tanto con la propia y respetuosa ignorancia como con ese silencio suyo, despreocupado, cordial, indiscernible, que autoriza todas las conjeturas y nada deja adivinar. Y luego, porque habíamos llegado a su casa.

No había nadie. Usted fue abriendo las ventanas, todas las ventanas. Como si deseara que la luz fría, reseca, del capitulante sol de invierno, animara ante mí esa zona invisible de su vida. Como si esperara reencontrarme agobiado de anhelos ante la sorpresivo intimidad. Ya podía internarme en el pasado invulnerable y revelador, insistir en el rumbo de aquellas sensaciones confusas, viciadas de impaciencia, que había estimulado su rostro de otro entonces. Pero el rostro de su vida actual era éste: un grabado de Renoir en la pared del fondo, la biblioteca de libros europeos, el diminuto pescador de marfil sobre el estante de ébano, los tres sillones severos, casi despectivos, el gran escritorio de roble con su Céline a mitad de lectura, y el retrato de un hombre cuarentón, con un indefenso lustre de bondad.

«Mi marido», dijo usted, sin entusiasmo y sin cansancio. Yo tenía ganas de hablar, de detener el avance ondulante de esta novedad en mi energía, de vaciar de algún modo en sus manos mi propia servidumbre de recuerdos. Nunca comprenderé por qué no se detuvo allí, por qué no prefirió dejarme simplemente aterido de claridad, a solas con su noticia, para que yo pudiera imaginarla junto a ese no-Diego, cara a cara frente a ese «él» que provenía del mundo de usted y no de «nuestro» mundo. Pero usted dijo: «Debería conocerlo. Le gustan las mismas cosas que a usted. » No. No podría enfrentarlo. ¡Que usted me haya invitado a ese insignificante sacrilegio! Me parecía increíble. Aún no sabía si era que usted sobrevivía idéntica a sí misma y era yo el promiscuo, el inestable, el tornadizo, o si yo conservaba todavía mi propia voz de usted, y usted en cambio se había acostumbrado a otro régimen de sensaciones y, lo que era peor, a otra fisonomía.

De ahí mi brusca retirada, mi adiós nervioso, mis justificaciones falsas, desmedidas. Usted no se asombró de nada. Acaso esperaba de antemano que yo no podría soportar sin miedo su nueva y desacomodada realidad, su realidad al margen de mi recuerdo, su indiferencia por la lealtad de mis emociones. Cuando usted cerró su puerta, cuando detrás de ella desaparecieron los sillones, el Renoir, el pescador de marfil, los libros, usted misma, sentí que no enfrentaba ya un presente fácil, sostenido como hasta ayer, como hasta hace unas horas, por su probable y cercana aparición. Ahora debía arreglármelas solo, con las figuras que yo puse y pondría aún en mi mundo de carne, en mi mundo de hueso, definitivamente expulsado de nuestro piélago en común, de nuestra común lejanía de la tierra. Cuando usted cerró su puerta, sentí en mí la necesaria revelación de que todo aquello de que habíamos participado ya no existía, de que mi yo de usted tampoco existía, ni existía -¡por fin!- tampoco usted.

Y es cierto: usted no existe. Ahora puedo decirlo, pensarlo, escribirlo. ¡Usted no existe! Ahora que estoy nuevamente en mi habitación y mi mujer lee el diario de la noche y se escucha desde el cuarto vecino la conversación atareada de mis hijas, ahora puedo admitirlo, comprobarlo, demostrármelo. También puedo demostrárselo a usted. En realidad usted fue siempre una imagen. La imagen que yo creé a partir de un conjunto de anhelos, de deseos incumplidos, de pequeños fracasos, exactamente como creé mi pequeño monstruo a partir de una mancha de humedad o como inventé un títere a partir de Laurita en el espejo. Usted fue la imagen de la mujer segura, la mujer con enorme capacidad de sacrificio, la infatigable presencia humana que yo hubiera aprendido a amar. Usted fue la criatura mía, solamente mía, la que yo inventé a fin de que mi ideal no permaneciera eternamente abstracto, a fin de que tuviera rostro, decisiones, palabras, tal como las otras criaturas -las creadas por Dios y no por mí- que me rodeaban y no coincidían con mi réplica desamparada, con esa venganza sutil que, obedeciendo a una sencilla tradición podemos tomarnos aun los solitarios, los siempre descontentos, los oscuros. Yo la inventé a usted con su piel de pecas, con su mirada reticente, con sus manos afiladas y tibias, con sus silencios flexibles, con su recurrente ternura. Yo la creé idealmente imperfecta, con esas pequeñas y poderosas fealdades que inexplicablemente singularizan un rostro y le comunican su derecho al recuerdo, con esas comisuras de simpatía que desmantelan la serenidad y esclavizan el sueño. Así ingresó usted a mis insomnios, así participó de esa complicidad pueril que yo formé para su sola imagen. Pero usted fue creada ya con un pasado, con un pasado de traje azul y cuello blanco junto a la verja de Los Pinos, con un pasado de fotografías (imágenes imaginadas de su imagen) junto a mis hermanas de presencia categórica y carnal, y a mi derecha en la cabalgata, y acariciando una sola vez mi cabeza en Buenos Aires, cuando la muerte de mi madre (me costaba muchísimo crear artificialmente la sensación del contacto), y también usted sola en la playa, espiada por mí, buscando caracoles entre cantos rodados. Usted fue creada con ese pasado, tal como se construye un aparato de precisión con sus accesorios. Usted fue creada a partir de un sacrificio, de una lectura del soneto CXXXII de Shakespeare, de un beneficiario apócrifo llamado él o también Diego, de una promesa mutua de renuncia. De este modo era usted una imagen alejada, es decir, un recuerdo de imagen, y por ello tremendamente próximo al recuerdo de una presencia real. En rigor, usted no debía aparecérseme nunca, usted debía sencillamente mantener el rumbo de mi segunda existencia. Obstinado en el recuerdo de su imagen, yo había descartado -razonablemente descartado- la posibilidad de la presencia de su imagen. No obstante, en el subsuelo irracional que desmiente nuestros actos obligados y embusteros, allí, en ese fondo duramente veraz, no estaba descartado su regreso. Allí su regreso vivía con la misma intensidad de mis juegos conceptuales con las cosas, con la misma vehemencia que me dejaba convertir a mi hija en un títere o a una mancha de humedad en un monstruo de papada fláccida y oscilante. Recién ahora admito que había pensado nuestro encuentro en el Parque, mil veces nuestro encuentro en el Parque, pero siempre como posible, nunca -hasta ayer- como virtualmente real. Hasta ayer ese encuentro era para mí la obsesionante representación de una espera, un encuentro eternamente a ser en el futuro, nunca siendo ya. Deliberadamente había dejado de proyectar su imagen a fin de proyectar interminablemente la memoria de su imagen (gracias a su pasado accesorio) a la vez que la esperanza de su imagen (gracias al irrealizado pero no irrealizable encuentro en el Parque). De ahí que yo viviera, junto a mis hijas y junto a mi mujer, sostenido por el recuerdo de su rostro anterior y por la esperanza de su rostro futuro, que debían guardar entre sí el parentesco impuesto por mi capacidad de invención. Claro que sólo podía representarme los rasgos de su rostro pretérito. El otro, su rostro a llegar, el rostro que usted iba a tener en el Encuentro, sólo podía representarlo como probabilidad, o sea, en preimagen. La verdadera imagen acaecería en el instante en que por fin me decidiese a representar ese encuentro constantemente postergado.

Hoy me decidí. Usted no puede saber por qué. Me decidí sencillamente para terminar con usted de una vez por todas. En mis manos tenía dos rumbos: postergar indefinidamente el Encuentro y continuar viviendo una alegría a experimentar, o resolverme a imaginar ese Encuentro y alejarla a usted definitivamente de mi juego. Lo primero era una tortura viva; lo segundo, otra más llevadera: meramente resignarme a su desaparición. Pero, ¿cómo podría usted desaparecer? ¿No se renovaría el recuerdo agregando nuevas imágenes a su primitivo pasado accesorio? Yo no aceptaba continuar viviendo de este modo. De manera que la única solución era crear el Encuentro, literalmente verla imaginada, pero a la vez imaginarla traicionándose y traicionándome, es decir, eludiendo nuestro cerrado mundo en común. Desde el momento en que usted fuera infiel a nuestro sacrificio, o sea, desde el momento en que eludiera al beneficiario apócrifo, a él, es decir, a Diego, para pertenecer estúpidamente a un no-Diego, entonces yo podría escapar derrotado, asqueado quizá por su cambio, por su deserción. Por eso le puse nombre a este espacio: «Hoy y la alegría. » Sencillamente hoy y la alegría, porque era la cúspide, el apogeo de mi juego, de la terrible tensión seguida del agotamiento de ese mismo juego, de la terrible desaparición de usted. Era el tiempo en su exacto valor: el hallazgo y la pérdida, el consuelo y la desesperanza.

Y todo lo cumplí. Es decir, lo cumplió usted. Usted me llevó a su casa. Usted abrió las ventanas para que yo viese el Renoir, los libros, el retrato. Usted comentó: «Mi marido» y me invitó a conocerlo. Usted -oh, ¿por qué?- no guardó silencio.

Usted no podía, no puede saber que he regresado ahora a mi habitación, que estoy al lado de mi mujer dormida (el diario de la noche caído sobre su rostro), que el cielo nocturno penetra lentamente en mí, que a mi solo conjuro usted perdería su sinrazón de ser y que, no obstante ello, mañana, tal vez esta misma noche, jugaré de nuevo a imaginar y me representaré golpeando a su puerta y la imaginaré recibiéndome -sí, exactamente así- con su invencible, antigua risa de Los Pinos, con otro traje azul de cuello blanco, con sus queridas manos afiladas y tibias. Y usted me dirá: «Lo esperaba» o también «Voy a presentarle a mi marido. Le gustan las mismas cosas que a usted.» Y usted cerrará la puerta y entonces seré yo el inexistente. Porque no saldré nunca, nunca, nunca, aunque el tiempo se harte de correr y yo descanse en el sillón adusto o contemple a mis anchas el perfecto Renoir o tome en mis manos el irrisorio pescador de marfil y tras de contemplarlo durante cuatro siglos, lo deposite con cuidado, casi con ternura, sobre el desguarnecido estante de ébano."

*Mario Benedetti 

martes, marzo 03, 2015

Pablo Neruda - Oda a la cebolla


Pablo Neruda -  Oda a la cebolla

Pablo Neruda
ODA A LA CEBOLLA
de Odas elementales



Cebolla
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre la mesa
de las pobres gentes. Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.
También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada
y parece que el cielo contribuye
dándote fina forma de granizo
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios de un tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.

Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.

Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada
y vive la fragancia de la tierra 

en tu naturaleza cristalina


viernes, septiembre 19, 2014

FANNY JEM WONG PENSAMIENTOS, VERSOS ,HAIKUS ,FRASES, RETAZOS, POEMAS

FANNY JEM WONG PENSAMIENTOS, VERSOS ,HAIKUS ,FRASES, RETAZOS, POEMAS 


 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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HAIKU DE FANNY JEM WONG

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sonríe la flor / es rojo sobre rojo / principio y fin

🔴 CONTINTATUSÁN EXHIBICIÓN DIGITAL LITERARIA: FANNY JEM WONG 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎⛩️

🔴 CONTINTATUSÁN EXHIBICIÓN DIGITAL LITERARIA: FANNY JEM WONG 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎⛩️
🔴 CONTINTATUSÁN EXHIBICIÓN DIGITAL LITERARIA 🇵🇪 🇨🇳🀄🐉🐲🎎⛩️ Fanny Jem Wong es autora de los poemarios Haikus (2018), El péndulo amarillo (2019), La médula nocturna (2021) y Retazos amarillos y el piano negro (2022). En ellos aparece un rico diálogo con la naturaleza (y, en particular, con la luna), así como frecuentes referencias a una china ancestral con bosques de bambú, papeles de arroz, dragones, un Emperador Amarillo y topónimos chinos. Así, en “Golondrina del banjó” oímos ecos de un modernismo exotizante con orgullosas referencias a un refinado mundo chino: una princesa amarilla, pálida y de ojos rasgados va vestida de plumas y jades, y porta un amuleto rojo mandarín. Mira de nuevo al este en Haikus y Péndulo amarillo, no solo por el formato del haiku sino a veces también por las imágenes y el gusto por el color amarillo. Las referencias a la cultura japonesa aparecen con ecos de Matsuo Basho y referencias a sakuras: “en luna llena / sakuras y hortensias / enlazan tallos”. Otros poemas evocan un erotismo sutil, como en los siguientes haikus: “vida y muerte / entre sábanas blancas / deslizándose” y “cerezas rojas / pasiones sin alivio / el bambú crece”. Por: Ignacio López-Calvo

HAIKU

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HAIKU suave pelaje-aroma de algodón-sonrisas nuevas-Fanny Jem Wong

“Agotadoras horas / oscilaciones constantes / las bestias gritan / en la profundidad del abismo" FJW

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Las cosas que amo no son cosas por lo tanto no tienen precio. Esa es mi única verdad y mi fuerza. Fanny Jem Wong M

SALUDO DE LA REVISTA ORIENTAL : CUMPLEAÑOS DE FANNY JEM WONG

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Acompañada de Fabiana Mendiola Wong, Betsy Wong Miñán, Esther Miñán de Wong, Marco Manrique, Arturo Sebastián Ramos Riofrio, Daniela Manrique Wong , Giorgio Romildo Ramos Wong

HAIKU

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HAIKU 10 : sobre el papel / mares de roja tinta /pariendo versos / Fanny Jem Wong

INQUEBRANTABLES

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“No se puede envolver el amor en una caja, pero se puede envolver a una persona en un abrazo.”

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Presidente chino, Xi Jinping

Presidente chino, Xi Jinping
La economía China es un gran océano. No un pequeño estanque. En el gran océano, hay tiempos de calma y también hay tiempos de fuertes vientos y lluvias torrenciales. Sin tormenta entonces ya no sería un océano. Una tormenta violenta puede voltear un pequeño estanque pero nunca al gran océano. Hemos experimentado numerosas tormentas y el gran océano sigue ahí. Después de 5000 años de penurias. China todavía está ahí. Frente al futuro, China siempre estará aquí . Presidente chino, Xi Jinping

Zhuangzi

El camino a la iluminación está lleno de paradojas. Para encontrar, primero debes perder. Para llegar, primero debes partir.