Wednesday, March 12, 2014

Canción de los remos José Ángel Buesa

 

Canción de los remos
José Ángel Buesa


Quizás olvidaremos, pues siempre hay que olvidar
Pero escucha los remos, cantando sobre el mar.
Bajo este cielo claro tu alma llega a la mía
Como la luz de un faro desde la lejanía.

Así como la espuma pasará este momento
Nuestra ilusión se esfuma, como la espuma al viento.
Pero en el alma sola si un gran amor la llena
Hay algo de la ola y hay algo de la arena.

Náufrago de su espanto, piloto de su hastío
El mar canta en su canto que ya tu amor es mío.
Yo soy la vela rota que da al aire su vuelo,
Y tú eres la gaviota que va a estrenar su vuelo.

Pero aún quedan futuros que yo desconocía
En tus ojos oscuros donde nunca es de día.
Aún hay algo postrero más allá del olvido
Y en tu amor recupero todo lo que he perdido.

Ni digo que te quedes, ni quiero que te vayas.
Pues soy como las redes tendidas en las playas
Arroyo de ternuras, hazme tuyo en lo mío
Llenando de agua pura mi cántaro vacío.

Ya mi voz tiene un eco, ya mi voz no se pierde.
Por eso el tronco seco retoña la hoja verde.
Y así mi vida espera la gracia de un retoño
Como la primavera que ilumina un otoño.

Por eso aunque olvidemos
Que siempre hay que olvidar
Oye cantar los remos
Sobre el dolor del mar.

Bajo mis manos crece Jorge Luis Borges



Bajo mis manos crece
Jorge Luis Borges


Bajo mis manos crece, dulce, todas las noches.
Tu vientre manso, suave, infinito.
Bajo mis manos que pasan y repasan midiéndolo, besándolo;
Bajo mis ojos que lo quedan viendo toda la noche.

Me doy cuenta de que tus pechos crecen también,
Llenos de ti, redondos y cayendo.
Tú tienes algo. Ríes, miras distinto, lejos.

Mi hijo te está haciendo más dulce, te hace frágil.
Suenas como la pata de la paloma al quebrarse.

Guardadora, te amparo contra todos los fantasmas;
Te abrazo para que madures en paz.

Jorge Luis Borges El reloj de arena




Jorge Luis Borges
El reloj de arena

Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento

Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.

Mario Benedetti Chau pesimismo




Mario Benedetti
Chau pesimismo


Ya sos mayor de edad
tengo que despedirte
pesimismo

años que te preparo el desayuno
que vigilo tu tos de mal agüero
y te tomo la fiebre
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales
y también que al mal tiempo buena cara

pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pullman

se te ve la fruición por el malogro
tu viejo idilio con la mala sombra
tu manía de orar junto a las ruinas
tu goce ante el desastre inesperado

claro que voy a despedirte
no sé por qué no lo hice antes
será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario
y a uno lo deja triste tu tristeza
amargo tu amargura
alarmista tu alarma

ya sé vas a decirme no hay motivos
para la euforia y las celebraciones
y claro cuandonó tenés razón

pero es tan boba tu razón tan obvia
tan remendada y remedada
tan igualita al pálpito
que enseguida se vuelve sinrazón

ya sos mayor de edad
chau pesimismo

y por favor andate despacito
sin despertar al monstruo


Octavio Paz El pájaro



Octavio Paz
El pájaro


Un silencio de aire, luz y cielo.
En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.



Julio Cortázar Ceremonia recurrente






Julio Cortázar
Ceremonia recurrente


El animal totémico con sus uñas de luz,
los ojos que junta la oscuridad debajo de la cama,
el ritmo misterioso de tu respiración, la sombra
que tu sudor dibuja en el olfato, el día ya inminente.
Entonces me enderezo, todavía batido por las aguas del sueño,
vuelvo de un continente a medias ciego
donde también estabas tú pero eras otra,
y cuando te consulto con la boca y los dedos, recorro el
horizonte de tus flancos
(dulcemente te enojas, quieres seguir durmiendo, me dices
bruto y tonto,
te debates riendo, no te dejas tomar pero ya es tarde,
un fuego
de piel y de azabache, las figuras del sueño)
el animal totémico a los pies de la hoguera
con sus uñas de luz y sus alas de almizcle.

Y después despertamos y es domingo y febrero.



Arboles del Cielo - CerezoLa sakura

Arboles del Cielo - Cerezo
La sakura (桜 o サクラ, sakura?) o flor del cerezo japonés es uno de los símbolos más conocidos de la cultura japonesa.

Se estima que este arbol tiene mas de 1000 años de edad, tiene una altura de 12m y 11m de circunferencia.La flor del cerezo florece durante la primavera. En Japón se realiza el festival de hanami en su honor puesto que es su flor más significativa (pero no la oficial); durante éste los familiares y amigos se reúnen en los parques con cerezos bajo la sombra de los mismos y, a modo de "picnic", comparten alimentos mientras celebran la aparición de las flores.Durante el año los árboles de cerezo permanecen únicamente forrados de hojas, y está desnudas en el invierno, pero hacia el inicio de la primavera florecen, decorando los parques con su apariencia de nubes rosadas tanto de día como de noche












 El Sakura es una planta arbórea de la familia de las rosáceas, En Japón hay de 30 a 40 especies cuyas flores se presentan en forma doble o simple.
Dentro de la historia cultural del Japón, esta planta, especialmente su flor ocupa un lugar muy privilegiado, tan privilegiado que se la identifica como la flor nacional. Ya en la época que se registran los primeros escritos con escritura genuina del Japón, en los años 700 (era de Nara), esta flor aparece en cuantiosos poemas.
Hasta entonces, la moda cultural era básicamente adaptada de la China, desde la escritura hasta en muchos elementos cotidianos, siendo hasta estos tiempos la flor del Mume, más trascendente, ya que en China es la que representa a la cultura. Hasta que a fines de la era Nara, y comienzos de la era Heian (704 d.C) reaparece el Sakura y se la identifica fuertemente con el espíritu japonés.
Desde esta época, los guerreros ofrendaban poemas escritos en la corteza del árbol de Sakura al emperador en signo de lealtad. Existe desde entonces la creencia de que al cortar un árbol de Sakura, éste sangra, creencia ésta que ha hecho hasta desviar la construcción de la vía férrea en Tokio por no destruir la plantación de una arboleda de Sakura en esta prefectura.
En el archipiélago de Japón existe un sin número de cerezos que adornan el paisaje en los meses de primavera (fines de Marzo, comienzos de Abril), las flores son de cinco pétalos dentados, dispuestas en racimos, y se presentan en una gama de colores que va desde un rosa tenue, casi blanco hasta un rosa carmesí con sutiles tonos intermedios.
FUENTE
INTERNET










SAKURA, FLOR DE PRIMAVERA.


La flor de Sakura es como se llama a la flor de cerezo en Japón, y éste es uno de los árboles de mayor tradición dentro de la cultura japonesa. Se la considera casi como la flor nacional, pero no tiene el reconocimiento oficial como tal. E Igual que extremadura se tiñe de blanco cuando llegan estas fechas en el Valle del Jerte, en Japón se espera con devoción la llegada de la primavera y el florecimiento de los cerezos que crecen habitualmente en sus parques o jardines. Incluso cuando llega el mes de abril, los telediarios dedican una parte de su tiempo a ir explicando por donde va avanzando el frente de florecimiento de los cerezos (sakura zensen), que comienza desde el sudoeste y va avanzando hacia el noreste.

La variedad más común de cerezo en Japón es el Somei Yoshino, que cuando florece da una flor blanca, moteada de un rosa pálido. La flor no llega a marchitarse, sino que es tan frágil que en apenas unos días se desprende de la rama por la acción del viento. Los japoneses interpretan este suceso como una metáfora de la vida y la muerte. Pero es una muerte en el punto álgido de la vida. La belleza y la tragedia de una muerte joven. Se le identifica también como la belleza femenina y también como un augurio de buena suerte.

La flor durará unas dos semanas, aunque si hace mal tiempo, puede incluso llegar a caer en el mismo día de su florecimiento. Durante esos días se celebra una de las festividades más tradicionales japonesas: el Hanami (Hana: flor). En estas fiestas la familia, amigos, compañeros de trabajo, estudiantes o parejas, se reúnen a la sombra de los cerezos florecidos, y allí hacen un picnic al aire libre. Una fiesta que puede durar hasta entrada la noche, si es así, la denominan Yazukura (cerezos nocturnos).

Existen varias leyendas japonesas entorno a los cerezos, una de ellas dice que a un monje se le apareció el dios de la montaña en el monte Yoshino (al sur de Osaka), y éste dibujó su rostro tallándolo en la corteza de un cerezo. Desde entonces en la montaña Yoshino es un lugar lleno de templos y santurarios en los que se venera a los cerezos como dioses. Actualmente la montaña de Yoshino tiene unos 30.000 cerezos, y todos los japoneses sueñan con viajar allí en primavera al menos una vez en su vida.

Otra leyenda explica las dos variedades típicas de la flor del Sakura, la blanca y la que tiene tiene una tonalidad rosa. Según la leyenda las primeras flores de los cerezos sólo eran de color blanco. Pero durante la época mejí era muy normal que muchos samuráis fueran llamados a la guerra, y permanecieran mucho tiempo alejados de sus casas. Para que las mujeres no les fueran infieles a sus maridos guerreros, se impuso una ley en la que una mujer casada con un soldado que estuviera en batalla, no podía tener trato con otro hombre, con la excepción que se tratase del trato que obligaban los vínculos familiares. La ley establecía que cualquier mujer quedaría libre para volverse a casar o juntarse con amigos, si ésta probaba que su esposo había muerto en la guerra. Sin embargo se cuenta que ninguna de las mujeres de los samuráis, acudió a esta ley, sino que ellas mismas se suicidaban cuando les comunicaban que sus maridos habían fallecido. Y esto lo hacían frente a un árbol del cerezo, símbolo del bushido (código del samurai). La sangre derramada junto al cerezo, la absorbía el árbol, y las flores blancas, quedaban convertidas en flores rosadas.

FUENTE












 ¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LAS FLORES DEL CEREZO?

Las flores del cerezo japonesas son flores conocidas en Japón como "sakura". Aunque no son autóctonas únicamente en Japón, aquí se veneran con recepciones solemnes denominadas Hanami, las cuales simbolizan el augurio de buena fortuna, el emblema del amor y afecto y representan una metáfora perdurable de la naturaleza fugaz de la mortalidad. El simbolismo general de la flor del cerezo ha trascendido de manera interesante en otros significados arraigados.
EN JAPÓN
En Japón, los árboles de cerezos, denominados "sakura", son muy estimados. Las recepciones solemnes, conocidas como Hanami, generalmente son excursiones en donde las personas se juntan para reflexionar sobre la naturaleza efímera de la vida y la mortalidad, debido a que la vida útil de las flores de cerezos es corta. Este concepto se une a los ideales budistas relacionados con la naturaleza de la vida. La cultura samurái de Japón también admiraba mucho a esta flor ya se consideraba que los samuráis (al igual que las flores de los cerezos) tenían una vida corta y además porque se creía que la flor representaba las gotas de sangre. En la actualidad, la flor representa inocencia, simplicidad y primavera.
EN CHINA
La referencia simbólica de la flor de cerezo en China difiere del concepto japonés. En China, la flor está asociada a la belleza y dominio femenino, así como a la sexualidad femenina. En conclusión simboliza poder y fortaleza. Sin embargo, dentro de las tradiciones relacionadas con las hierbas, la flor de cerezo es usualmente un símbolo de amor y pasión.
SÍMBOLO DE ESPERANZA
La temporada de las flores de cerezos se superpone al calendario y al año fiscal en Japón, lo cual marca nuevos comienzos (es decir, el primer día de escuela de un niño o el primer día de trabajo en un nuevo empleo). La exuberancia e intensidad de la flor de cerezo, por lo tanto, otorga la posibilidad de tener esperanza e ilusión de que llegaran cosas mejores así como la posibilidad de observar el futuro con entusiasmo y optimismo.
SÍMBOLO DE PODER
China eleva la flor de cerezo como una representación de la belleza y dominio femenino. Es considerado símbolo de la apariencia atractiva de la mujer y su capacidad para dominar a los hombres a través de su belleza y sexualidad. La flor también simboliza el amor, conocido por mantener una emoción femenina.
SÍMBOLO DE HUMANIDAD
La época de floración de las flores de cerezos es breve, lo que resulta en la belleza instantánea y la muerte inmediata de la flor. Por lo tanto, dentro de la cultura japonesa, son un recordatorio de la humanidad y de la mortalidad ya que, al igual que las flores de cerezos, la vida del ser humano puede finalizar en cualquier momento. La condición humana es representada a través de la flor de cerezo y constituye una advertencia a las personas de que la vida es muy corta como para desperdiciarla y que las personas deberían vivir su vida al máximo.
FUENTE
http://www.ehowenespanol.com/significado-flores-del-cerezo-sobre_169997/










SAKURA O FLOR DEL CEREZO SAKURA, FLOR DE PRIMAVERA.



Tu sonrisa florece por todo el campo y tu piel blanca recubre la vereda como si un manto de nieve arropara a la tierra. Son tus pétalos en racimo los que despiertan la rama yerta; nubes celestiales que culminan el germinar del suelo fértil.


Mientras el tiempo marca el paso de las estaciones de forma tiránica. El ciclo de la vida y de la muerte en un inevitable tránsito. Son las trece lunas las que llevas en la afilada guadaña, con la promesa de que en verano segarás la cosecha de trigo.

Sakura, ¿debo hacer caso al brillo de esperanza que veo en tus ojos? Te miro la cintura, y veo como la hoja del cerezo rodea tu cuerpo, en una alambrada de cicatrices y espinas, que aprisionan tu ombligo redondo. Pero es la fragilidad de tu piel lechosa, tan suave al tacto de mis dedos lo que me fascina. ¡Eres tan joven! ¡Eres tan pura! Eres una dulce geisha que transformaste la piel en un delicado algodón de azúcar.

Aparto los mechones de tu frente, y descubro tu nuca, liberada por un par alfileres de bambú, que recogen tu cabello en un moño ceremonial. Bebo de tu cuello virginal. Sakura, mi pequeña niña de ojos rasgados.

Traes la belleza concentrada en los pequeños brotes verdes que acampanados se abren voluptuosos y dan lugar al misterio de la estrella naciente. Pero tu flor nívea es tan pequeña y frágil, que se desprenderá con la fuerza caprichosa de la ventisca o la tormenta.

Cuando llores, Sakura, llenarás de lágrimas blancas el susurro de la brisa, y tu sollozo te deshojará hasta dejar al descubierto tu corteza desnuda. Sé que la belleza de este momento se deshará en un instante fugaz y me preocupa si estaré a la altura.

Temo intentar coger tus lágrimas y que estas se escurran entre mis dedos, y que todo mi esfuerzo se vuelva inútil. Temo sobretodo quedarme perplejo ante la imagen desprendida de tu nieve de bailarines pétalos cayendo a mi alrededor. Los dos sabemos que no llegará el otoño a marchitarte, sino que tus flores descenderán temblorosas con la misma suavidad que ofrecen las caricias de tu lengua. Tampoco llegarán las arrugas a tu rostro, aunque haré que en mi recuerdo permanezcas así: impoluta y eterna.

Sakura. ¡Traéme la vida en esta mañana alegre de abril! Tráemela aunque sea tan efímera que luego me duela. Brota de tus montañas de hielo, el agua helada. Despierta el torrente que albergas en tus entrañas; que vuelva el río a ser río, y tus ojos a los míos; que vuelva el canto matinal de los pájaros, y tu boca a mi boca; que vuelva el fruto dulce y rojo a preñar tu vientre y que amanezcamos a la mañana abrazados juntos en este día de abril. Hemos de ser capaces de seguir hacia delante, de alimentar en este último día nuestros besos desesperados, aunque seamos conscientes de que mañana todo se habrá terminado. ¿Qué nos quedará entonces Sakura? Quedará el carmín rojo de tu boca marcado a fuego en mi piel; quedará la huella rosada de tus finos labios sobre mi cuello. ¿No es eso suficiente, Sakura? ¿No tendrás bastante?




Dame la vida, Sakura, que si mañana mueres, morirás abrazada a mis brazos. Qué tu misma generosidad es la que me endeuda hacia un compromiso eterno; haré un pacto de dioses que servirá para redimir mis incumplidas promesas; prometo que si todo lo que se crea es verdad que está condenado una trágica extinción, al menos estas palabras fijarán tu recuerdo en la memoria de mi corazón.

No temas, flor de primavera. No temas tu agonía, que mis besos velarán tal Romeo tu último aliento. Te juro que tu recuerdo se perpetuará en el hálito de vida que me has insuflado. Te irás para no volver, quizás vuelvan otras, pero ninguna volverá a ser la princesa blanca a la que rendí los besos de mi boca.

FUENTE