Lo que me intriga de la campana
es su badajo volando en el aire
con sus alborotados movimientos,
conmoviendo a los trémulos,
despertando a los sordos,
a los insólitos despatarrados,
a los desguazados por la noche.
Diminuto badajo que va
en la oreja de los insólitos caminantes,
en los bolsillos descosidos de los niños,
en la aurora de rosáceos dedos.
Vuelan las campanas al viento
y llaman al pueblo a conmoverse.
Esos que van contando sus pasos,
que nadie sabe de dónde vienen,
salen del fondo de la historia,
conocen sus atajos, los valles de sufrimiento,
son los badajos de la vida,
los que hacen sonar las campanas,
los que traen la alegría
y la lanza de la esperanza.
