Thursday, August 27, 2015

MALADIE ESCRIBE ABELARDO A ELOÍSA POR MARCO MARTOS


MALADIE
ESCRIBE ABELARDO A ELOÍSA
POR MARCO MARTOS


Estoy enfermo de tus ojos rojos,
tus pestañas tan negras me hacen daño,
tus párpados llenos de menjunjes,
tu risa cantarina me atormenta.
No puedo guarecerme, no quiero que me veas,
tu piedad no la quiero, nada quiero, quiero todo,
te escribo desesperado, mi nombre es insomnio.

¿TIENE SENTIDO LA VIDA? POR MARCO MARTOS


¿TIENE SENTIDO LA VIDA? POR MARCO MARTOS

Esas flores violetas, entre las matas verdes,
en esas peladas colinas de la ciudad de Lima,
son expresión de las vidas múltiples de la tierra,
debajo hay lombrices y encima pájaros que exploran el cielo azul,...
pero el mar todo lo inunda, con sus murmullos inacabables,
y nos habla de lo que permanece, que algunos llaman eternidad.

MARCO MARTOS ESCRIBIÓ :EL LENGUAJE, ESCRIBE MARCO VALERIO PROBO


EL LENGUAJE, ESCRIBE MARCO VALERIO PROBO
POR MARCO MARTOS
El lenguaje es forma, sobre todo es forma,
una red de contrarios y de complementos.
Tiene que haber dos humanos
para que el lenguaje viva,
y deben conocer el mismo código.
Quien dice palabras para sí mismo,
desdeñando las reglas y los vocabularios,
es un insano, está fuera de la órbita del lenguaje,
y más todavía si no tiene gestos.
Las formas puras son matemática o música
o puras abstracciones del ingenio humano.
El lenguaje necesita el verbo
para que lo conozcan.
La única verdad del lenguaje es la hablada,
no hay lenguaje únicamente escrito
y hay numerosos lenguajes solamente usados
en los confines del mundo conocido.
Idolatro al latín de nuestros padres
y al griego de las ciencias
y de los magníficos oradores
que ensalzan a Homero en calles y plazas.
Los etruscos son misteriosos,
su lenguaje está en la noche de Baco y en el Averno.
Pero escribieron poesía, una sutil gramática
y se comunicaron con los muertos
que parecían vivos cuando hablaban.
El lenguaje es vida y es gramática

MARCO MARTOS ESCRIBIÓ:



MARCO MARTOS ESCRIBIÓ:

Quédate a vivir en lo hermoso
junto al mar y las diminutas piedras.
Dos ondulantes filas de colinas
dibujadas a lo lejos,
cielos rosados sobre las aguas azul y plata.
Hay un camino que bordea las orillas.
Es el tuyo para siempre.

LA NOVIA DEL VIENTO POR MARCO MARTOS


LA NOVIA DEL VIENTO POR MARCO MARTOS

Tú eres, Alma Mahler, la novia del viento,
brisa de la mañana del verano,
la mujer de mis sueños extraviados,
tempestad en la noche de los mares cálidos.
Te pareces al olvido y al silencio,
estás en la puerta del despecho,
o mío o tuyo o de un tercero,
en el oscuro amanecer
de la desesperanza que perdura
y es la esencia del amor
para que sea verdadero.
Mañana serás una estatua de yeso
nacida de mis manos,
algo hermoso, pero inerte y frágil,
como un cristal de Bohemia
en la espalda de los condenados.
Un día caerás en añicos
Y solo quedarán mis letras angustiadas,
que serán un milésimo de un milésimo de segundo
en la historia del mundo contemporáneo.
Esos escritos dirán que Oskar Kokoschka
te amó como un loco en medio de los hielos eternos.
La solitaria flecha de Eros vaga alucinada por el universo.
¿Merecías mi amor o no lo merecías?
Eso nunca se sabe

POESÍA EL SIGLO XV JUAN DE MENA


POESÍA EL SIGLO XV JUAN DE MENA

Vuestros ojos que miraron
con tan discreto mirar
firieron e non dexaron
en mí nada por matar.
Ellos aún no contentos
de mi persona vençida,
me dan atales tormentos
que atormentan mi vida.
Después que me sojuzgaron
con tan discreto mirar,
firieron e non dexaron
en mí nada por matar.

(Juan de Mena)

FILTROS DE AMOR, ESCRIBE VIRGILIO POR MARCO MARTOS


FILTROS DE AMOR, ESCRIBE VIRGILIO
POR MARCO MARTOS

Anduve erguido por el mundo,
en las parcelas de Andes, cerca de Mantua,
entre los ondulantes trigales
y los gorjeos de los pájaros en los árboles,
en las calles bulliciosas de la ciudad eterna,
y en el foro, vestido con la toga, entre letrados.
Reclinado en los triclinia, comí dátiles de Egipto,
quesos de cabra de Judea, cerezas y duraznos de Hispania
y he bebido vinos generosos elaborados en las Galias
y en las tierras lejanas de Germania.
Apenas he conocido el amor yaciendo en mi lecho duro
o en las tiendas de campaña, bajo el eco lejano de la guerra.
En verdad he estado solo toda mi vida, con mi pluma compañera,
y enfermo casi siempre, entre mis sábanas.
Los seres humanos, cuando se abrazan,
se quedan con las sombras de su sueño en el agua.
El amor dura un instante y súbito acaba.
Ahora mismo siento su saeta y me revuelco en sus lágrimas.
Gemelo de la muerte, tiene su máscara
que imita a la vida en lo que acaba.
La Eneida, amadas páginas, pido que se destruyan
y que sean fuego y ceniza y olvido en los altares de Marte.
He buscado amor toda mi vida, ese yacer en el aire,
en las nubes, en la lluvia de relámpagos y truenos,
en los principios del mundo, en los peligros de lo eterno.
Y no he llegado a nada de nada.

DIATRIBA CONTRA QUINTO HORACIO FLACO, ESCRIBE ANDRÓMEDA POR MARCO MARTOS

DIATRIBA CONTRA QUINTO HORACIO FLACO, ESCRIBE ANDRÓMEDA POR MARCO MARTOS
Una vez te atisbé en Filipos, Quinto Horacio Flaco,
en los finales de la batalla, y vi que huías, desdichado.
Hasta ese momento te admiraba,
indiferente a lo que otros poetas, colegas tuyos,
llamaban la poquedad de tus versos.
Me gustaba tu noción de dorada medianía, la aspiración
a ser alguien, lejos de los honores fatuos,
y ese encandilamiento, la verdad, continúa.
También apreciaba tus palabras sobre el mundo presente,
aquellas que elogian a la flor del día como única,
irrepetible dicha, y eso sigue siendo válido.
Y me encantaban tus reflexiones sobre la fugacidad
de la vida en medio de las cuatro estaciones del año.
Pero tú escapabas de la batalla y eso quedó en mis retinas.
Te decías republicano y combatías en las huestes de Bruto,
el indeseable asesino de Cayo Julio César, su padre putativo.
Estabas equivocado, pero en fin, luchabas por lo que creías.
Salvaste la vida, verdad, y eso vale algo,
aunque huiste del fragor de la batalla.
Mañana estarás en Roma, mendigando un lugar
a los vencedores, a Octavio Augusto o a Mecenas.
¡Estoy segura! No te atrevas a escribirme,
no me busques, malandante, olvida mi nombre.
La que te besó en Filipos no existe, la has soñado

CAYO VALERIO CATULO RECUERDA A MARCIA METELLI POR MARCO MARTOS



CAYO VALERIO CATULO RECUERDA A MARCIA METELLI POR MARCO MARTOS

A ti te recuerdo, Marcia Metelli,
jugando conmigo en el principio de la juventud
a orillas de Tíber, en la explanada del malecón,
llevabas guirnaldas en el cuello, rozábamos nuestros dedos
y nos empujábamos suavemente en las tardes de dorado sol.
Dentro de tus peplos guardabas a mi angustiado corazón
y entre mis ropas escondía un diminuto retrato tuyo
nacido del pincel de Quinto Tulio Cicerón
que no habiéndote tenido nunca había trocado en odio
su incipiente amor. Para mí eras el aire que respiraba,
Venus misma en el cielo de Roma,
la mujer por la que valía la pena vivir o morir
y te quería con desesperación.
Cuando empezaba la noche,
en tus ojos se encendían las candelas del amor
y el rito de los comienzos duraba hasta el amanecer.
No estás ahora y voy a orillas del Tíber,
mojo mis manos en esas aguas corrientes
y mi vida misma fluye hacia el mar
de la desconsolación.

POESÍA ÁRABE Y TRADUCCIONES POR YASSIN KAOUD
















Tuesday, August 18, 2015

Mario H. Russo - CERCANIA




AUTOR: ESTHER GLADYS NORIEGA DESTACADA POETISA ARGENTINA
ORIGINARIA DE CÓRDOBA ARGENTINA SUS GRANDES OBRAS, LLEVAN IMPLICITAS GRAN SENSIBILIDAD, DANDOLE ESE TOQUE MAGICO DE ESPIRITUALIDAD.

Wednesday, August 12, 2015

NOS HABÍAMOS AMADO TANTO POR PEDRO TRILLO

 

PARA SCOLA TODOS SOMOS DIRECTORES 

Y el espectador no tiene que dejar la butaca para producir una “nueva cinta”. Así lo quiso Ettore Scola en “Nos habíamos amado tanto” (1974). Una obra de arte en 120 minutos de celuloide…y de eterna vigencia.
El filme está abierto a múltiples lecturas: la social, la histórica, la política, la humana… una obra de arte siempre es polisémica, posee múltiples significados, pero es el espectador quien con su interpretación la completa y al hacerlo aparece una propia, que es nueva, personal y auténtica.
“Una crítica es una cuestión de distancia correcta” dijo Walter Benjamin, sin embargo, la distancia implica un límite entre dos puntos y como sabemos: “un límite no es eso en lo que algo se detiene sino aquello a partir de lo cual algo inicia su presencia” (Heidegger).
Y esta presencia de lo nuevo, nos permite a cada uno contar nuestra propia historia eligiendo los protagonistas y las escenas de la obra. Para Scola todos somos directores de cine.
Con los personajes de Antonio y Luciana, el director hace una película dentro de otra película: la de Kim Novak en el papel de Mildred Rogers en Servidumbre Humana (Ken Hughes, 1964).
Scola, nos muestra el camino y con un guiño nos da a todos la oportunidad de escoger y ordenar la secuencia narrativa de las escenas, y dejar que surja, como una epifanía, una nueva versión, personalísima y única como la vida misma.
Como haría Scola, apago todas las luces del escenario y solo dejo encendido el spot que ilumina directamente a los protagonistas.
En la primera escena Antonio está enamorado y no puede decírselo a su amada; lo tiene que hacer a través de un juego,” ¿Usted me oye?”, le pregunta, ella le contesta: “No”, está claro, solo si ella no escucha el hombre enamorado puede expresar su amor, porque si no, se rompe el encantamiento.
Scola nos muestra el arquetipo del hombre enamorado, de todos los Antonios del mundo, de todos los Antonios que se pierden en la noche de los tiempos, y de todos aquellos que se perderán en el futuro, que no podrán darle muestras de amor a sus Lucianas a riesgo de perderlas, porque como dijo el protagonista en la escena donde se reencuentran los tres amigos: “el futuro ya pasó”.
El estado patológico de Antonio es el de todo hombre enamorado, Luciana lo acerca y aleja. Antonio se desestabiliza, pierde el control y provoca con sus actos la violenta reacción de Luciana que le dice; “Yo hago lo que se me antoja”, “No tengo vínculos, ni quiero tenerlos”. “No te hagas ilusiones”. En otras palabras: “no estoy dispuesta a continuar, no eres el hombre que yo necesito”.
Años después se encuentran y con la mirada ya se han perdonado. Ella le dice: “¿Y tú?”(¿Cómo estás?) Y en ese: “¿Y tú?” de Luciana hay algo más profundo, le está diciendo: estoy aquí, me intereso por ti; y él mientras se sienta en la banca del parque le responde: estuve como un loco enamorado: “últimamente tuve una forma de ciclotimia”, lo dejé todo por ti: “estuve mal, tuve que dejar el hospital”, pero ahora ya estoy bien: “estoy sano ya volví”.
Pero si el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden y el fin último de la vida humana no es otro que la felicidad (Aristóteles, Ética a Nicómaco), no todos los Antonios y Lucianas del mundo disponen de la juventud que le permitió a Scola volverlos a unir. 

Y, esa unión, ese encuentro, para Karl Jung no es una casualidad sino una sincronicidad, algo único en la dimensión del espacio-tiempo, que no tiene ninguna relación causal pero sí una profunda significación en nuestras vidas.
Gibrán lo explica bien cuando le dice a su amada Mary Haskell,
“Cuando dos personas se encuentran, son como dos Calas acuáticas que se abren de lado a lado, cada una mostrando su corazón dorado, y reflejando el remanso, las nubes y los cielos.”
(Khalil Gibrán, 1914)
Al final se produce la escena en la que Scola proyecta los deseos de todos los hombres enamorados del mundo; en ella Kim Novak como Mildred Rogers es Luciana y el actor Laurence Harvey es Antonio, que identifica y reúne a todos los Antonios que quieren escuchar de su amada: “…tú eres el único hombre de mi vida!”.
Kim Novak, ofrece a los hombres la satisfacción de un atávico deseo cuya cimentación cultural fue forjándose a través de la historia de la humanidad.
Este ideal romántico del hombre –que el genio de Scola descubre en su personaje Antonio–, nos permite ahora a todos los Antonios del mundo reconocernos en él.
Y en esto, hasta el mismo Freud en una de sus cartas a su novia –como un hombre sufriendo de amor–, víctima de la patología de todo hombre enamorado, le reclama y exige:
“No quiero sin embargo que mis cartas queden siempre sin respuesta, y dejaría de inmediato de escribirte si no me respondes. Perpetuos monólogos a propósito de un ser amado, que no son ni rectificados ni alimentados por el ser amado, desembocan en ideas erróneas sobre las relaciones mutuas, y nos vuelven extraños uno al otro cuando nos encontramos de nuevo y hallamos cosas diferentes a las que, sin asegurarnos de ello, habíamos imaginado”.
(Freud, Correspondance, 39)
Freud le está diciendo a su amada: el amor alimenta el amor.
“No entendí nada” dice Antonio al inicio de la película que acompaña esta crítica, porque Luciana “se encuentra en un estado de perpetua partida, de viaje, es por vocación migratoria, huidiza” (Barthes), como una gata escurridiza, inasible, como el agua que se escapa entre los dedos.
“Yo aun no entiendo” repite Antonio en la voz de Laurence Harvey.
“No entendí nada” y “…aun no entiendo”, podría continuar Antonio: “no hay un motivo serio, no te he sido infiel, no te he faltado el respeto, solo actué como un hombre enamorado, solo estuve loco de amor por ti, pero ya volví.
Es la ciclotimia del corazón que aqueja a todo hombre enamorado, pero ya está sano, volvió, y con esta palabra le está diciendo: ahora puedo amarte y hacerte feliz. En la voz de Antonio podrían reconocerse los amantes cuando dice: “Luciana, tú me dijiste que te he amado como nadie te ha amado en la vida”…
Luego se produce el blackout de la relación, la pantalla se oscurece, pero el amor como la música sigue girando entre los dos. La película de Scola nos enseña que lo positivo de un error es que puede corregirse.
A pesar de la dureza de las expresiones de Luciana, Antonio en la película de Scola mantiene su amor por ella incólume, protegido y a salvo.
Él estuvo siempre allí, presente para ella, y esa es una virtud, una constante inclinación de la voluntad, un rasgo de carácter de un buen corazón, que conduce finalmente a ambos personajes a la vida buena, a la felicidad, porque el amor de Antonio es tan seguro como el amanecer.