Sunday, August 05, 2007

A propósito del libro “Entre Bohemias”, de Walter Faila Por César Cisneros de la Hoz - Poeta y escritor



A propósito del libro “Entre Bohemias”, de Walter Faila
Versos de visión madura
Por César Cisneros de la Hoz - Poeta y escritor

Esta vez la lectura me hizo encontrar a un hombre luciendo como un poeta, a diferencia de aquellos aedos, incapaces de bajar del olimpo para vadear en el humedal de las banalidades humanas. Y al revelarse, Walter Faila, se reserva el derecho de estar triste, el silencio de su boca, las locuras de su nostalgia, y, sostenido en las horas que le faltan vivir, se atribuye los dolores del tiempo, escapado de las ciencias y de los vicios mundanos.

En el despilfarro de su bienaventuranza, hay un espacio remendado de penumbras, donde, sin asombro, vio caer la luz confundida con una estrella, mientras un ave de rapiña le arrancó los ojos en un vuelo trascendental. Pero, como a Bartimeo, la fe le devolvió la claridad del tiempo, y en el gozo, con mesura, comprendió cabalmente que la luz alumbra pero su exceso puede dejarnos ciegos, cuando la pasión, sin razón, sólo produce lamentos.

Su rapsodia es contestataria de sus cotidianeidades y en esa demencial formación, le teme a los hombres, suicidas a sueldo, describiéndolos como reptiles anónimos, simples aves sin plumas y sin huesos.

Walter Faila, escribe sin reservas. Sus versos son el escalpelo de una madura observación, arrojado esfuerzo con el que avanza por la vida, sin mirar hacia atrás, los desiertos llenos de ausencias que de nada sirven porque carecen de algo para dar. Y se forja en la hoguera de grandes llamas.

Rescato la sutileza de su pasión, aspiración vigente, sin prurito, cuando expresa: “Yo tuve una mujer que aún no ha nacido...!” Hay egoísmo? Tal vez la apetencia sórdida de la posesión carnal o la simple dulzura de una mirada cálida, donde reflejar sus sueños, mantiene vivo el encuentro con la mujer ideal. Es consciente de su finitud por eso avienta su partida y, en el rito de la noche, pide un beso en su guarida donde esconde, en sobre roto, todas las cartas de su vida.

En ese estado se pregunta: “Existes, amor?”, y en la prolongación del anhelo efímero, solicita un corazón de mujer para que, en dualidad, puedan entender qué cosa es el amor. Entonces se sabe surco, se sabe mar, se sabe viento y en el dibujo de sus tristes versos, la fantasía de los desnudos cuerpos, sin razón, expanden por los muslos, el tibio rocío del deseo. Figuras, en cuya esencia, el poeta liba cuanto reza, fulminado e impotente de abandonos humanos. Entre tanta debilidad, se reconoce humano, sin dioses de cera y vuelve a la casa donde nació. La vuelta ancestral al imaginario de su providencia, eventualmente sea el bálsamo reparador, necesario al hombre para proteger al poeta, o al poeta que, desde el Génesis estaba previsto que ocurriera, dada la excelencia divina del hombre en su proyección histórica, para crecer abrazado a su poesía.

Realmente, sus temas son vibrantes, excitan, la furia e inflamación del autor contagia al lector, concatenando estados de vida de extrema singularidad.

Otra vez la confidencia: “si al menos los fantasmas me dejaran un instante!”. Si tal caciquismo de lémures cesara con el fastidio, encontraría destinos de bocas fusionadas, vetas inalterables de dulzura, senos de mujer... Es ahí cuando el olor de la nostalgia le devuelve un resplandor de primaveras, con un recodo de sonrisas y de besos, como pichones diminutos, ejerciendo sus derechos de vuelos.

En el sosiego, manan todos los nombres, todas las almas y, con ellos, todos sus “yo” que se escapan. Metáforas que adornan aquello que dice y guarda, niños mudos de gloria, víboras llenas de mañas, bocas frías de besos y horizontes infinitos, cuajando viejas miradas. He ahí donde rescato al hombre por su arrojo y voluntad.

Es él cuando reacciona diciendo: “Si el alma del poeta se ha quedado sin su meta, y el amor... es ahora guerra fría”. Hay temor en esas huellas, trazos de dolor y de herejía, impiedad humana, incredulidad etérea que no se compadecen; con cuya observación me permito identificar en Walter Faila a un hombre apasionado que, sin retraimientos vanos, vive, sufre y goza, lo que cualquier poeta señalaría pudorosamente, “nada os puede salvar sino el amor que os hiere”.

Los insondables contrasentidos no lo inhiben, por el contrario son la urdimbre inefable de su divinatura, imprevisible rutina que hizo posible “Entre Bohemias”. Tiene la susceptibilidad de pasar del grito al silencio con la exquisitez de los grandes poetas, colisionando con sus tribulaciones y ofrendas, las que en tiempo real no dudo le consumieron muchas energías. En su morada, es un semidiós ante sus criaturas, las que fluyen concomitantes por influjo de su vocación, semejante al amante mayor de Los Andes, Pablo Neruda. Estimo que la crítica calificará con juicio y objetividad su parecido.

Ver la tapa de su libro, me hizo asociarlo con las tortugas que salen del mar en busca de suelo firme para sembrar su descendencia. En tanto que le arda la carne y sangre de amor en sus recuerdos. Al tiempo que, aún cansado, refleje sus años en la luz de algún espejo, sintiéndose humano en su casa de grillos y de helechos, ante un arco de nubes que proyecta sombras y silencios, en el umbral del monte santiagueño donde, tras el amor, se hizo cuerpo.

Vuela su esencia en las hojas desnudas del alba, dejando huellas de un lúdico tic tac de adiós y de pausas, cual juego perverso de sueños perdidos, en el eterno abrazo de las noches con los días. Quizás se atreva a rezar un padre nuestro olvidado y uno que otra Ave María, antes de que el tiempo termine con su tiempo y otros ojos lloren sus poesías, verdaderos tasajos macerados en silencio.

WALTER FAILA ESCRIBIÓ
LAS COSAS DE LA VIDA
¡ Parece que brillara!
Pero…
¡como duelen los ojos al mirarla!
Yo la tuve entre mis manos
Y un día de inconciencia
Me dio por deshojarla.
¡ que cerca están, a veces
las cosas mas lejanas!
¿adonde iras ahora?
Ignorante yo de ti
Y tú, en mi… ignorada.
Hacia dónde llevarás esas respuestas
Que yo no supe preguntarlas?
Ah!, cuantas cosas se fueron
Sin pedir que se quedaran.
Cuantos gritos se elevaron en el tiempo
Sin saber como hacer que se callaran.
¡ vuelvo…y vuelvo….y vuelvo!
… y no regresa nada.
¿ adónde irás ahora?
Sin mis manos como nidos
Sin mi pecho como cama.
¡ vida, vida, vida!
Que lejos están , a veces,
Las cosas mas cercanas.-

WALTER FAILA
ARGENTINA
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HEMBRA SAGRADA

Eres más que aquella flor
Que adorna el gran jardín.
El sonido del clarín
Que me honra en la batalla.
Inteligencia en mi ignorancia
Valor en mi flaqueza
Mi pan en la pobreza
Mi lujo y devenir.
Eres mas que porvenir,
Que hija, hermana o madre,
Reinado, poder o decencia,
Eres fruto en toda esencia
Cuando dulcemente abre.-

Eres río y eres cauce
Sonrisas de niños tristes,
Largas lágrimas del sauce.
Eres grito y eres sangre,
Razón, cuerpo y perdón,
Pasión, simiente y vida ,
Vientre sagrado
De podio y galardón.
Maná multiplicado
En el santo sudario
Que cosecha tu pezón.

¡Milagro de la raza!
Hembra sagrada
Mi pensamiento eterno
Mi más bello Dios.
Mi dicha y mi calvario,
Mis silencios y mi voz,
Propietaria de mis sueños
De mi carne y mi dolor.

Eres más que toda flor,
Que mi letra y mi vocablo.
Mi bella amante,
Mi tierna niña,
Mi mujer…
Mi santo diablo.-

Walter Faila
Abril 2005
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WALTER FAILA ESCRIBIÓ
LA ANALISTA

¡ Cuenta!
Cuantas cosas cuenta!
Que palabras tan bellas
Que intelectuales sus caricias!

¡Recuerda, siempre recuerda!
Cuando suelta de su cuerda
Fue mujer casi completa,
Sin la sombra de una arista.

Ella compra ¡cuánto compra!
Cuantos viajes, cuanta prisa!
Que los autos, que los niños,
Que la escuela,
Cuantos zapatos sin suela
Va dejando en sus valijas.

¡tantos seminarios,
tanto estudio, tantos años,
tantos libros
han pasado por su vista!

No sueña, ¡ nunca sueña!
Que real, que consciente
Que adulta, que segura
Su actitud ante la vida!

Ella es madre...solo madre
Sin mujer que ahora asista,
Con grandes escenarios
A modo de una artista.

Ya no vuela, ¡nunca vuela!
Pues le teme a la caida.
Solo pisa en tierra firma
Y no envidia a las coristas.

Como un tigre en la gran jaula,
Ella camina y camina,
Sin obstáculos que rompan
Su estructura de analista.

¡Ah! Que vida organizada!
Que suicida programada...
Que muerte mas prolija.-

WALTER FAILA
ARGENTINA

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WALTER FAILA ESCRIBIÓ
EL COFRE

Que es lo que oculta
ésta enmarañada hiedra?
éste pájaro sin trino,
éste valle sin malezas?
Como se fue armando el nido
de tan amargas tristezas?
Como ,sin tener sonido
luce tan firme su orquesta?
Que es lo que oculta
éste alma encubierta?
Tal vez... cuando se vierta
todo el agua de mi río
y se inunde dentro mío
éste cofre sin respuestas,
vuelva el sol a su puesta,
y a mis hierbas ,los rocíos.
Quizá, cuando se pierda
los papeles del olvido,
vuelva mi árbol florecido
mis hojas ricas de menta.
Tal vez...en una afrenta,
las larvas cobraron renta
a mis gusanos de seda,
y sus tejidos se han roto
como una ola en la piedra.
¿Acaso hay un motivo
oscuro de mi conciencia?
¿O una luz que no percibo
sin las llamas de la ciencia?
Ser Dios y ser demonio…
y todo serlo a medias.
Rezar un padre nuestro,
entre las faldas de María Magdalena.
Que difícil es tener
el corazón entre las nieblas.
Diez preguntas liberadas
y una ignorante respuesta.
Que difícil es vivir
hecho aire entre la tierra.
Ver sulfatado el futuro
en un camino de inercias,
caminos llenos de espinas
y negras trampas de ciénagas.
¿Acaso un jubilado grillo
me fue robando en la siesta
las letras con las que escribo
mi pentagrama de ideas?
O tal vez, en éste dolor tan mío,
que es sangre de mis poemas,
se me olvidó el estribillo
del amor y su pureza?
¡Déjame llorar mi llanto!
mi alma está entre las rejas,
y no puede desasirse
de su verdad encubierta.
Que difícil es sentir
el canto de las sirenas,
en una campo de secas flores
con pinares a sus veras.
¡Déjame con éste llanto sombrío!
con éste alma encubierta,
que tal vez cuando se vierta
todo el agua de mi río,
vuelva mi hierba al rocío
vuelva el sol a mi puesta,
Y se inunde dentro mío...
éste cofre sin respuestas.-

WALTER FAILA
2005
SOCIEDAD DE POETAS ARGENTINOS
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